¿Qué se ha hecho del Daniel Ortega sandinista que presidió Nicaragua de 1979 a 1990? Ha desaparecido, aunque alguien con su mismo nombre y apariencia esté gobernando actualmente en medio de una crisis política que ya ha dejando por el camino cerca de 200 muertos.

Entre las mutaciones históricas, la de este hombre se halla en el zénit. Dirigente de la lucha revolucionaria contra la dictadura de Anastasio Somoza, tras el derrocamiento del déspota, en 1979, estableció un gobierno socialista que promovió la alfabetización, la sanidad pública y la igualdad de género. La vida cotidiana de la población mejoró a ojos vistas, salvo que pronto tuvo que enfrentarse a un enemigo exterior muy potente. Una milicia entrenada y financiada por la CIA, conocida como la Contra, acosaba a un sistema económico y social que subvertía los intereses estadounidenses.

En 1984 se celebraron elecciones y los sandinistas obtuvieron el 67% de los votos, sin embargo, el desgaste de la lucha diaria y cruenta contra el enemigo exterior fue debilitando tanto la economía como la moral de los nicaragüenses. El resultado fue que, en 1990, una coalición antisandista ganó las elecciones y Violeta Barrios obtuvo la presidencia del país. Se acabó la Contra, llegaron las reformas neoliberales y se fueron gran parte de los derechos sociales.

Cuando en 2006 Daniel Ortega salió de nuevo victorioso en unas elecciones, ya no era la misma persona. Sus votantes no lo advirtieron en un principio, de tal manera que ganó otros dos comicios electorales, el último en 2016. Alcanzado el año 2018, las protestas populares en contra de la Reforma de la Ley de Seguridad Social reciben como respuesta disparos indiscriminados por parte de la Policía y del Ejército. Las cifras de muertos no alarman lo suficiente en los medios de comunicación internacionales, por lo visto, tan saturados de desgracias que no pueden darles cabida.

A los difuntos ya no les cabe preguntarse qué ha ocurrido con Daniel Ortega, un liberador transformado en brutal opresor. Los demás, ¿tendríamos que recurrir a la bioquímica, a la psicología o a la psiquiatría para explicarnos una deriva tan inconcebible? 

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