Mañana celebramos en la mayoría de poblaciones de España San Juan, festividad para celebrar el solsticio de verano. Son muchas y variadas las tradiciones que por estas fechas año tras año se repiten. El fuego se convierte en un elemento común en todas ellas y dota a la noche más corta del año de luz y magia. Desde Extremadura hasta Menorca pasando por Soria y Lleida, conocemos los ritos ancestrales más populares del territorio español.

Sin duda, Alicante es una de las ciudades donde más duran las fiestas: durante todo el mes de junio se anuncia la noche de San Juan con sus populares “mascletás” y culmina la celebración con la “cremá” en la que centenares de muñecos satíricos son quemados en un espectáculo de fuego y pirotecnia. Para los y las más valientes, la mejor propuesta se encuentra en San Pedro Manrique, Soria. Alfombras de cenizas ardientes retan a las plantas de los pies de los y las “pasadoras” que, a menudo con niños y niñas al cuello, cruzan las lenguas de fuego en dirección al oeste, en su origen con un propósito purificador.

Una noche de San Juan tampoco se entiende sin meigas. En A Coruña, Galicia, las meigas desfilan por sus calles durante el día para, finalmente, ofrendarle un ramo de flores a fin de alejar a las brujas u otros maleficios. Además otros seres son protagonistas en estas noches como, por ejemplo, los caballos del “Jaleo” de Ciutadella, Menorca. Miles de visitantes se agolpan alrededor de los caballos montados por jinetes vestidos a la usanza de la Menorca antigua como clero, nobleza, artesanos y payeses.

Los deseos son comunes en esta víspera de San Juan. En Cádiz, los muñecos llamados “Juanillos” son rellenados con deseos y se queman durante la noche para que se cumplan. Como el paseo ardiente de Soria, son muchas la personas que aprovechan esta noche para purificarse metiéndose en el mar. Pero sin duda, no hay San Juan sin fuego, tampoco en el pueblo de Ísil, Lleida. Las fallas son prendidas en lo alto de la montaña y, como si serpientes de fuego se tratara, bajan todos los y las “fallaires” representando un espectáculo de fuego y calidez propia del Pirineo. El vino, la coca y los ramos les dan la bienvenida en el centro del pueblo, donde se prende la “gran falla”. En cualquier casa, playa o montaña, los buenos deseos son compartidos entre amistades y familiares entre risas y con admiración, ante pirotecnia y fuego.

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