Recientemente, los investigadores Soroush Vosoughi, Deb Roy, y Sinan Aral, del Massachusetts Institute of Technology (MIT), publicaron en la revista Science el artículo “The Spread of true and false news online” (La difusión online de noticias falsas y verdaderas). Comentan los autores que, en el contexto actual en que las redes sociales tienen un gran impacto en la democracia, en la política y en otras esferas de la vida diaria y teniendo en cuenta que muchas de las respuestas de la ciudadanía a hechos como son los desastres naturales o ataques terroristas se han visto sesgadas también por la propagación de noticias falsas, necesitamos analizar y entender cómo hacer para evitarlo y prevenirlo. A través del estudio longitudinal más grande que se ha hecho hasta el momento sobre el fenómeno de las noticias falsas en las redes sociales Vosoughi, Roy y Aral responden a dos preguntas claves: ¿Cómo se difunden la verdad y la falsedad de manera diferente, y qué factores relacionados con el juicio humano explican esta diferencia? Para ello, los investigadores de la MIT (Massachusetts Institute of Technology) analizaron cómo se da la difusión de noticias falsas y verdaderas en la red social Twitter.

La investigación analizaba lo que los autores han denominado como “fact-checked rumor cascades”, es decir, chequear la veracidad de las historias que son difundidas en Twitter. Con ello se refieren a un patrón de propagación de rumores que muestra una cadena de retuits ininterrumpida con un origen común y singular. Explican los autores que un individuo puede iniciar una cadena de rumores al tuitear una historia que contiene una afirmación, y otro individuo puede iniciar de forma independiente una segunda cadena del mismo rumor que es completamente independiente del primero, excepto que se refiere a la misma historia.

El estudio analizó 126.000 historias difundidas en Twitter entre 2006 (año de inicio de Twitter) y 2017, con más de 4,5 millones de tuits hechos por tres millones de personas, aproximadamente. Metodológicamente la investigación era compleja. Explican Vosoughi, Roy y Aral que uno de los problemas que abordaron era cómo verificar los datos de los tuits. Para ello, clasificaron las noticias como verdaderas o falsas usando información de seis organizaciones independientes de verificación de datos (snopes.com, politifact.com, factcheck.org, truthorfiction.com, hoax-slayer.com y urbanlegends.about.com), las cuales mostraron un acuerdo del 95% al 98% sobre las clasificaciones establecidas.

Los resultados indicaron que las noticias falsas se difunden mucho más lejos, de forma más rápida (son más virales), más profunda y más amplia que las noticias verdaderas, en todas las categorías analizadas. A su vez, el campo de la política era el que daba más lugar a la propagación de la falsedad. Las noticias falsas sobre política se hacen virales mucho más rápido que las noticias falsas sobre otros temas como pueden ser el terrorismo, los desastres naturales, la ciencia o la información financiera.  

Después de controlar diversos factores, los resultados indicaron también que la falsedad tiene un 70% más de probabilidades de ser retuiteada que la verdad (con las implicaciones que esto supone). Añaden que aquello que es novedoso sobre un determinado asunto es un factor importante. En este sentido, las noticias falsas son percibidas como “más nuevas” que las noticias verdaderas, lo que sugiere que las personas tienden a compartir aquel contenido que consideran nuevo.

Por último, remarcan los autores que, al contrario de lo que creemos popularmente, los robots aceleran la propagación de noticias falsas y verdaderas de la misma manera. Esto implicaría que son las personas y no los robos quienes son en última instancia responsables de la difusión y aumento de las noticias falsas en las redes, un aspecto clave para diseñar acciones y políticas orientadas a enseñar a los y las usuarias de las redes sociales, no solamente cómo detectarlas, sino también cómo desmontarlas.

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