Unos de los principales altavoces y herramientas de prevención ante el acoso sexual son la prensa y los medios de comunicación, que pueden y deben tener un papel activo a favor de las víctimas, pero que a veces colaboran pasivamente en mantener el silencio o, todavía peor, hay periodistas que actúan en contra de las víctimas y, por tanto, a favor de los acosadores. Por una parte, existen aquellos medios y periodistas que, desde su compromiso contra cualquier situación de violencia y vulneración de los derechos, optan por hacer de altavoz de las víctimas de cualquier injusticia, convirtiéndolas en supervivientes y empoderándolas para que se transformen en referentes de aquellas que aún no se han atrevido a denunciar. Mientras que, por otra parte, existen aquellos medios y periodistas que se posicionan al lado de los agresores y maltratadores, básicamente al lado del poder y las estructuras, para que nada cambie y las víctimas sigan siendo víctimas, sin voz.

De estas dos posturas tenemos ejemplos muy claros en nuestra sociedad, que nos demuestran que la violencia de género en las universidades no es un tema que excluya ni a periodistas comprometidos y comprometidas, ni a mediocres periodistas amarillos y amarillas (es así como se llama a aquellos que hacen un periodismo mediocre, que en lugar de informar se dedican a fomentar el escándalo y el morbo).

Las denuncias de acoso sexual en las universidades han tenido de todo. La movilización contra la reincorporación en su cátedra del presunto mayor acosador universitario fue frenada en seco por los ataques a sus víctimas de una pequeña, pero muy activa, parte de periodistas. Sus únicas aproximaciones a las víctimas eran para preguntarles detalles morbosos sobre sus relaciones sexuales o sus formas de vida, además de dar voz en los medios a las mentiras de los acosadores (amparados en el anonimato) sobre las vidas íntimas de sus víctimas.

Por otra parte, sin embargo, hundiendo las aspiraciones de la cara más mediocre del periodismo, una gran parte de periodistas de muy diferentes medios siguieron los criterios profesionales y éticos de su profesión decidiendo dar voz a las víctimas y contrastar con seriedad todas las informaciones. Periodistas extraordinarios de Documentos TV incluyeron en su documental Voces contra el silencio a las víctimas y al grupo de investigación que rompió el silencio sobre la violencia de género en las universidades. El documental recibió el Globo de Oro del World Media Festival de Hamburgo y es ya reconocido, visto, debatido en muchos espacios sociales (universidades incluidas) de diferentes partes del mundo, llevando las voces de las supervivientes a cada rincón que quedaba en silencio.

La diferencia en el impacto de unos y otros es muy grande, en las vidas de las chicas, en quienes las han apoyado, en sus trayectorias, en su entorno y en la lucha feminista. La victoria ha sido y continuará siendo muy destacada tanto de las supervivientes como de periodistas que han hecho un gran trabajo y cuyo prestigio internacional no para de aumentar. Al mismo tiempo, quienes se situaron en contra de las víctimas no pueden ni podrán evitar que se conozca cada vez más, a nivel internacional, su falta de profesionalidad y que todavía no han rectificado.

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