Grace Murray Hopper, también conocida como “la asombrosa Grace” –Amazing Grace– nació en 1906 en Nueva York y fue pionera en el campo de las ciencias de la computación.

Grace Hopper delante de la computadora UNIVAC en 1960.

Desde pequeña, Grace Brewster Murray -nombre que usaba antes de casarse- era una apasionada de la ciencia y las matemáticas. Por ello, entre 1924 y 1928 estudió Física y Matemáticas en el Vassar College en Nueva York, donde se graduó con honores, apoyada también por sus padres y su abuelo, que querían que se formara con igualdad de oportunidades. Asimismo, obtuvo una beca para cursar una maestría en Matemáticas en la Universidad de Yale, que finalizó en 1930, año en que conoció a su marido, el doctor en Literatura Inglesa Vincent Foster Hopper, y de  quien se divorció en 1945. Pero Grace continuó sus estudios y en 1934 se doctoró en su campo, Matemáticas.

Durante sus años en la armada fue enviada a Harvard para trabajar en la construcción de la Mark I -el primer ordenador electromecánico- y siguió como investigadora junto al comandante Howard Aiken, que también trabajaba en el proyecto.

En 1949 se retiró de Harvard y empezó a trabajar en la empresa Eckbert – Mauchly Corporation en Filadelfia, donde se estaban desarrollando las computadoras BINAC y UNIVAC I. Entre sus contribuciones, Grace Hopper desarrolló el primer compilador de la historia, llamado A-0, que es un traductor de lenguaje de programación a lenguaje común y, en 1957, el primer compilador que usaba órdenes en inglés utilizado para el cálculo de nóminas, el B-0 o Flow Matic. Eso sí, después desarrolló el COBOL, en 1959, un lenguaje de programación universal que entiende órdenes en inglés y sirve para aplicaciones de negocios; contribuye a la llamada informática de gestión.

Aunque Grace Hopper siguió contribuyendo a la ciencia de la computación, es una de las muchas mujeres de la historia que lograron atravesar barreras y consiguió convertirse en una investigadora destacada en computación, a la que más tarde concedieron muchos reconocimientos. De hecho, sin sus descubrimientos el lenguaje de programación seguiría siendo unos y ceros, intraducibles al lenguaje común.

Como ella, ¿imagináis cuántas mujeres hay a lo largo de la historia que han realizado contribuciones excelentes? Seguro que sin ellas no seríamos lo que somos hoy.

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