Patio escuela // Carolina Ramos

Normalmente, los patios y tiempos libres en la escuela son los momentos en los que se dan más agresiones de todo tipo entre el alumnado. ¿Y qué pasa en el tiempo del comedor? En algunas ocasiones los niños y niñas pasan hasta dos horas en el patio bajo la responsabilidad de las personas educadoras de comedor. Tradicionalmente, por el rol desempeñado, adquieren una menor autoridad que el profesorado y las herramientas con las que cuentan a menudo se han basado en su propia experiencia personal y en las anécdotas que comparten entre ellos/as.

¿Qué podemos hacer para lograr que los patios sean también espacios seguros en este tiempo? Cada vez más equipos de trabajo que atienden los espacios de comedor y educación extraescolar de los centros educativos solicitan espacios de diálogo y formación efectivos. En algunos centros como el CEIP Jaume el Conqueridor de Catarroja (Valencia), se está incorporando la formación basada en evidencias científicas sobre el Modelo Dialógico de prevención de conflictos a los/las profesionales de este ámbito de educación no formal. En este artículo recopilamos algunos de los comentarios y vivencias a raíz del trabajo que está llevando a cabo el equipo de educadoras.

La cohesión desde los espacios formativos hace romper con estructuras jerárquicas y posiciones de poder que impiden un trabajo colectivo contra la violencia. Según el equipo de educadoras:

Es una buena iniciativa que hayan contando con nosotras, el comedor es una continuidad de la jornada escolar, de las clases pasan al comedor y de ahí a las clases de nuevo, y así podemos ir todos a una. La relación con el profesorado ya era buena antes, pero ahora informamos más de las cosas que pasan, ahora sabemos que son importantes.

Las educadoras indican que a raíz de esta formación y trabajo conjunto han transformado su forma de proceder: “Hemos cambiado muchas cosas en nuestra manera de actuar, reflexionamos más sobre nuestras respuestas, respetamos el no, le hacemos más caso a la víctima y le quitamos atención a la persona agresora, tratamos de dotar de atractivo a las personas que cuentan lo que ha pasado, que son valientes y no chivatos. Esta forma de trabajar ahora es muy importante y transformadora para las niñas y los niños que ahora vienen más a denunciar porque hemos cambiado nuestra visión, se sienten escuchados y no desprestigiamos al alumno que denuncia“.

Las educadoras nos explicaban que, aunque al principio pensaban que todas estas claves no las podrían llevar a cabo, que no sería posible aquí con todos los conflictos que tenían, están ya viendo resultados muy rápidos, lo que repercute en su trabajo, que ahora viven más contentas y motivadas. Los espacios de diálogo están siendo muy importantes. Ahora hablamos de estos temas con el profesorado, entre nosotras, pero sobre todo con las familias, y el impacto es mucho mayor; es muy importante que conozcan cómo se trabaja en la escuela y tratar de conseguir que el alumnado no reciba mensajes contradictorios.

Personalmente también han podido ver la transformación. Las reflexiones que tuvieron en la formación y en los diálogos posteriores las llevan a buscar la coherencia cambiando algunas actuaciones anteriores, tanto dentro de su función como educadoras del comedor como en la vida personal.

Democratizar el conocimiento científico hace que estas estrategias avaladas internacionalmente lleguen a más miembros de la comunidad y devengan en una mayor transformación de las relaciones que hacen posible una mejor educación y una vida de mayor sentido para todos y todas.

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