En los últimos años, los programas de prevención de la violencia sexual se han ido incrementando en las universidades de distintos países. Aunque también haya aumentado la investigación sobre la temática, aún quedan muchas preguntas sin contestar. Respuestas basadas en evidencias científicas son las que necesitan las personas encargadas de dar respuesta a estas realidades y a las víctimas que las sufren. Una de estas preguntas gira en torno a los mecanismos de prevención y a los esfuerzos dedicados a su implementación. Con este objetivo, aparece la importancia de examinar la utilidad de las sesiones de refuerzo que se llevan a cabo para mejorar la educación en la línea preventiva.

Una de las autoras más famosas en prevención de la violencia sexual y una de las que más investigación ha realizado en relación con el concepto bystander intervention, Victoria Banyard, desarrolla ahora, junto a otras colegas, una investigación sobre las múltiples herramientas para la prevención de la violencia sexual. El objetivo de la investigación se centra en analizar dos métodos de prevención: talleres educativos en grupos pequeños y una campaña del mercado social (SMC) basada en la intervención de toda la comunidad, para indagar si funcionan tanto por separado como conjuntamente para promover cambios de actitud relacionados con la prevención de la violencia sexual entre estudiantes universitari@s.

El estudio consiste de dos partes y se realizó en dos universidades. Los y las participantes pertenecían a cohortes sucesivas de estudiantes de primer año y fueron asignados aleatoriamente para participar en uno de los programas presenciales de prevención de la violencia sexual (bystander programm) o para ser parte de un grupo de control. Posteriormente, las y los participantes fueron expuestos a un SMC de prevención de violencia sexual basado en bystanders, antes o después de una encuesta de seguimiento. Los análisis investigaron si las actitudes variaban en función de si el grupo estaba expuesto a una de las cuatro categorías: solo al programa bystander, solo al SMC, a las dos cosas, o bien sin ningún tipo de prevención.

Los resultados revelaron los beneficios de la campaña basada en la intervención de toda la comunidad, la SMC, como un refuerzo para los cambios de actitud relacionados con ser un bystander activo para prevenir la violencia. Además, los y las estudiantes que participaron en el programa mostraron una mejor actitud en relación con la campaña social del SMC. De esta manera, y centrándose en las dosis y los refuerzos de dichas herramientas, la reciente publicación en la revista Journal of Aggression Conflict and Peace Research, significa el primer estudio que analiza la combinación de los efectos de diferentes herramientas de prevención de la violencia sexual en las actitudes de las y los estudiantes universitarios. Las autoras muestran así un método que investiga si las herramientas de prevención funcionan conjuntamente a la vez que por separado, concluyendo que dan mejores beneficios cuando lo hacen de forma conjunta.

 

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