Virginia Imaz Quijara es una payasa profesional que ha obtenido el premio Emakunde a la Igualdad 2017. Su magnífica profesionalidad la ha llevado a trabajar en el espectáculo La Nouba, del Cirque du Soleil. Actualmente es la directora artística de la compañía de teatro Oihulari Klown, pero antes había ejercido como profesora de Educación Permanente de personas adultas. Virginia nos adentra en mundo cultural desde una perspectiva inclusiva.

Virginia, en el 1994 estuviste en el congreso de Perspectivas Críticas en Educación donde encantaste a Paulo Freire. ¿Qué ha significado para ti su visión transformadora en el mundo cultural?

Bueno, yo vengo del mundo de la educación de personas adultas, entonces, era una gran admiradora de Paulo Freire y me había leído sus libros antes de poder haber acudido a ese congreso. Y, bueno, he sido una privilegiada porque he tenido varias ocasiones de jugar como payasa de sus intervenciones. Era una persona muy inspiradora, tremendamente humilde y muy lúcida. Entonces tenían claro, una de las frases que yo rescato de él, contra quién educamos. Como que la educación no puede ser neutral, que ser neutral es también hacerse también cómplice de la desigualdad, del desequilibrio.

Educar es mojarse, es acompañar amorosamente a la gente que se está educando con nosotros, con nosotras, por lo regular los seres en construcción, pero hay veces que también pueden ser personas adultas y todo el mundo aprendemos y todo el mundo podemos llegar a ser maestros y maestras. Él rescataba mucho también todo el tema, mucho, de la comunidad de aprendizaje, todo el mundo enseña y no todo el mundo tenemos las mismas maneras de aprender.

Había muchas cuestiones interesantes, pero quizás lo que a mí más me llamaba la atención tenía que ver con que no podemos ir de incógnito cuando educamos, en educación hay que mojarse, hay que implicarse y saber que una educación en la libertad, en el pensamiento crítico, va a hacer ciudadanos y ciudadanas más críticos y más libres. Y entonces eso puede ser que moleste al sistema, justo al sistema donde estamos educando. No hacer un posicionamiento así de radical o así de claro en la base significa mantener la desigualdad o, como mucho, poniendo petachos. Hay goteras y entonces voy poniendo petachos, pero lo que hay es una inundación y lo que viene luego es un diluvio.  

Entonces, desde mi perspectiva, ahora que ha pasado ya bastante tiempo, yo diría que, en lugar de ir a mejor, estamos en el momento de involución muy profundo, la educación en términos generales está cada vez más embudo, con más límites para la gente que tiene menos recursos, o sea, la brecha de la desigualdad se acentúa con las oportunidades de educación y acceso a la cultura y, posteriormente, con los caminos que abren esa educación y esa cultura a un puesto de trabajo o a un sueldo determinado. Así que la educación, hoy por hoy, sigue siendo la estrategia para mantener la desigualdad en términos muy, muy generales.

Yo soy muy crítica con el sistema educativo en la actualidad, lo conozco bastante por dentro pues he ido a colaborar a muchas escuelas de padres y madres y a trabajar como cuentera o como pedagoga también a centros, entonces veo lo que hay y en todas partes hay gente haciendo cosas maravillosas, muy vocacional, que se lo cree mucho, pero a menudo muy sola o muy poquita gente de un colectivo que está enormemente presionado, obligado a cumplir los programas, a quedarse más en la letra que en el espíritu de la letra.

En la actualidad seguimos educando como en el siglo XVIII para gente del siglo XXI, es decir, las prácticas educativas son el maestro está en un lugar y enseña y entonces todos los demás reciben su sabiduría y aprenden. El maestro, la maestra, o el profesor o la profesora, no es alguien que acompañe, o sea, que seguimos todavía como un nivel muy jerarquizado de todas las clases de los conocimientos, donde se pone más el acento en los contenidos que en la consecución de las habilidades o en el desarrollo de competencias, aunque estas aparecen en el currículum.

 Luego, no sé, como objetivo, ha aparecido como objetivo denuncial, luego no se traduce en la práctica cotidiana donde se siguen examinando los contenidos y, sobre todo, a quien tiene más memoria o tiene más inteligencia. De todas las inteligencias que hay, que ya han descubierto, no sé si, 8 o 9, si a ti se te da bien escribir y leer, tienes más probabilidades de triunfar en el mundo escolar que si tu inteligencia es más relacional y la emocional o la espacial. Está todo pensado solo para un tipo de inteligencia. También la lógica de matemáticas ahora, con el gran impulso tecnológico, o sea, para las dos inteligencias de las nueve que hay. O sea, que hay mucha gente que se queda afuera, que de entrada acude a una escuela de un sistema educativo que no contempla su potencial y como no lo contempla, no lo desarrolla, entonces estamos buscando un perfil de gente de todo el mundo igual, como si solamente necesitáramos en un mundo ingenieros y… te iba a decir humanistas, pero ojalá, porque ni siquiera y ahora eso está tan de moda.

Es un perfil muy concreto de gente. Yo no sé lo que va a pasar, porque hasta ahora el espejismo se mantenía en el sentido de que si…, un poco la mentira que nos vendían era si tú estudias y te formas, tendrás posibilidades de conseguir trabajos, conseguir un buen trabajo acorde con lo que has estudiado y después será que te busques bien la vida. Pero eso ha funcionado hasta hace unos años, ahora ni tampoco, o sea, la gente sigue formándose, sigue haciendo masters.  No dudo de que gente haya llegado, pero hay mucha, muchísima gente que se queda en el camino o incluso formándose estupendamente bien, según como el sistema le pide, y luego no encuentra trabajo o tiene que emigrar fuera o no encuentra un trabajo adecuado a sus capacidades, a su potencial, a toda la formación que ha hecho. Así que estamos en un espejismo donde el mundo del trabajo es muy difícil, donde los trabajos están cada vez…, cada vez son más becarios, exige más movilidad, exige facultades como la innovación, la capacidad de trabajo en equipo, la capacidad de resolver conflictos, la aceptación de la diversidad y de la diferencia, para los que la mayoría de gente no está formada.

La gente que está saliendo ahora de los centros escolares no está saliendo preparada de manera global para el futuro y, mientras tanto, hay muchísima gente en exclusión o en riesgo de exclusión, o en trabajos para los que no nos han formado, que no les gustan, muy explotadas y, con muchas dificultades para acceder también al propio mercado de la educación, porque es la pescadilla que se muerde la cola. Si tú trabajas, puedes pagarte a lo mejor una especialización, una formación, porque en general el reciclaje o el aprendizaje a lo largo de toda la vida corre a cargo de la persona que desea hacerlo, a nivel económico y a nivel de tiempo. Si yo me quiero reciclar, normalmente saco de mi tiempo y de mi dinero que el propio sistema impulse.

De hecho, ahora, lo último que he sabido es que las pruebas de educación serán transversales, estas pruebas, ahora yo no sé cómo se llaman, pero que cuando yo la hice era la selectividad, y la selectividad esa ya valía para siempre, pues ahora no, ahora la gente joven que hace selectividad, a los dos años se le caduca, porque no quieren promover que la gente estudie más de una carrera o que pueda acceder a los estudios. Yo lo entiendo así, porque lo demás no tendría sentido, es estar permanentemente en el examen, evidentemente, en el filtro y en la posibilidad de que te dejen fuera.

O sea, sigue siendo esta misma idea del embudo, para que pasen solamente unos pocos.

Otro tema bonito ligado con Paulo Freire, para mí tiene que ver, él no es que estaba así precisamente, pero yo soy heredera de lo de él, de mucho de lo que yo le escuché y leí, y yo lo formulo en términos de descolonizar el imaginario colectivo. Funcionamos con muchos prejuicios, con muchas creencias, con muchas cosas por supuestas y la cultura y la educación ayudan a descolonizar este imaginario colectivo, o sea, crean un cortocircuito en las neuronas que nos permite una nueva mirada o un extrañamiento, un asombro, ver las cosas de otra manera y esto es vital, porque, si no somos capaces de imaginar un cambio, será difícil que lo podamos llevar a la práctica y hay que tomarse al asalto el imaginario, porque estamos realmente colonizadores y colonizados en esta manera de pensar y el pensamiento nos  lleva a una manera de sentir y orienta nuestra conducta. Entonces, hay que revisar lo que pensamos y poner en cuestión y sospechar. Esto es algo de lo que él decía, sospechar de lo que yo tengo idealizado, de lo que yo doy por supuesto,… Este pensamiento, cómo me ha llegado a mí, ponerlo en cuestión.

¿Cuál es la motivación que te ha llevado a realizar prácticas culturales feministas?

Bueno, feminismo, en toda mi vida voy desde el clown. Bueno, entro por dos vías. Uno porque  yo era maestra y estando en la escuela había acceso a un curso de coeducación y eso me dio un poco la conciencia, sobre todo porque una de las cosas mías cuando empecé en esto era la prepotencia.

Yo, como era mujer, no era posible que yo fuera machista o sexista, que yo pensaba que trataba a los niños y las niñas por igual. Entonces, bueno, pues hice una serie de ejercicios, una serie de pruebas y observando, con ayuda, pues me di cuenta de que en mi propia intervención en el aula había ya un sesgo de género muy profundo, muy potente.

Claro, eso me hizo sentir supermal, porque me dinamitó una idea que tenía de mí idealizada.  Entonces me empecé a revisar el lenguaje que utilizaba, el lenguaje inclusivo, hasta cuestionar los libros de texto, la representación simbólica de hombres y de mujeres, cuántas figuras había masculinas y femeninas.

No sé, hacía un ejercicio en el currículum escolar de las grandes ausentes, y eso hay todavía. O sea, mi hijo, que hace 2º de bachillerato, que está estudiando el artístico, y en el libro que tienen de arte, que es una maravilla, o sea, que gusta, muy bien hecho, pero las mujeres creadoras brillan por su ausencia. Él mismo que es un chico, que está muy sensibilizado por todo lo que mama en casa y por toda la vara que yo le doy, viene y me dice: ”Es increíble, las vanguardias. Que la única mujer que aparece es Frida Kahlo y aparece en un pie de foto al lado de una obra, pero ni se la menciona”.

O sea, no aparecen más mujeres en ninguna de las vanguardias. Pues afortunadamente la profesora de arte les ha puesto un trabajo aparte, es un extra más, para rescatar a las mujeres creadoras maravillosas, como Remedios Varo y otras. Hay muchísimas mujeres maravillosas desconocidas. Tan desconocidas que no están ni en los libros.

Bueno, pues entonces dices: ¿Bueno, quién creó estos materiales? Mi parte de la práctica feminista me vino así, por el deseo común de ofrecer realmente un trato igualitario a los niños y a las niñas. Lo que yo estaba buscando y con todas las paradojas y contradicciones que yo me he ido encontrando. Eso sería por un lado. Y por otro lado, pues lo que me pasó es que en mi primer curso espectáculo de clown, así como de artista  amateur, yo me reía de mí y mi deseo de ser modelo de la tele. Yo era gordita y con un cuerpo estéticamente divergente, como yo digo.

Yo no sería el modelo estético imperante. Pues claro, el público se reía mucho. Porque cuando yo hacía esta declaración de intenciones de que yo quería ser una modelo de la tele todo el mundo se reía porque decían: ”A dónde vas con ese cuerpo, a dónde vas? ¿Cómo que vas a ser modelo de la tele?” Pues entonces, claro, era hacer saltar un poco todos los prejuicios. Yo en ese momento no era feminista, solamente desde el juego. Me reía de mí, de mis problemas, de mis ocupaciones, de mis complejos, pero el discurso y el juego que hacía era revelador. Entonces empezaron a acusarme, para no contratarme, de que yo hacía cosas de mujeres y de que yo era feminista, pero así con mucho desprecio.

Y dije, bueno, pues tendré que ir a ver qué es esto del feminismo y fui a una reunión de mujeres y cuando salí de allí dije: Está claro, no sabía, pero está claro de que soy feminista (rie).  No lo sabía, pero está claro que soy. Es que nos han vendido el feminismo como comehombres, como mal folladas,  como quemasostenes, todas estas barbaridades. Pues, claro, ninguna queríamos ser feministas, ni exaltadas, ni radicales, ni ridículas, que era lo que nos llegaba a través de los medios.

Te estoy diciendo hace 30 años. Pues claro, si entendemos el feminismo con el humanismo que aspira a la igualdad, a la equidad real de hombres y mujeres, iguales ante la ley y los derechos, que tengan las mismas oportunidades, igualdad en el acceso de los cursos, yo creo que hoy, por lo menos en voz alta, nadie diría que no se pide eso, si tú haces esto, es un ejercicio de fascismo y anticonstitucional. Pero cuando no lo niegas se te olvida decir que eso es ser feminista, o sea, esa es la definición de feminismo.

Entonces, yo me reconozco como feminista y llevo todo este tiempo intentando introducir humor en el feminismo, porque como todo tipo de idealismo, a veces corremos el riesgo de rigidizarnos y volvernos un poco más fundamentalistas. También hay mucha gente que vive en exclusión social, a veces en el feminismo hay alguna que las reacciones, que son las de la mala leche, o sea, las de muchas mujeres enfadadas, o es lo que hemos visto.

Entonces, creo que es interesante introducir otras estrategias para llegar a más población, para calar a más población y hacerles ver que todo el mundo estamos buscando lo mismo. Aspiramos a una educación integral para nuestros hijos y nuestras hijas, sean chicos o chicas. Aspiramos a cobrar lo mismo y aspiramos a caminar tranquilas por la calle, y esperamos que los niños y niñas se puedan hacer valer sin que los insulten. Lo que es las demandas del feminismo siguen vigentes y yo creo que son buenas para toda la población. Así es como llegué un poco al feminismo. Yo suelo decir que a mí me creció la nariz al mismo tiempo que la conciencia feminista. Creo que llegué a ser payasa gracias al feminismo que cuestionó una mentira que yo me había creído, que era que el humor era cosas de hombres, porque no veía más que payasos hombres. Pero que no las vea no quiere decir que no haya y si no, ahí es, porque a lo mejor las tendría que haber, como bomberas, como fontaneras, como muchos ámbitos muy masculinizados, y entonces eso abrió una vía para mí de empoderamiento.

Se convirtió en un oficio y en una misión de vida y también quiero creer que gracias a mí el feminismo, sobre todo en Euskadi, tiene más sentido de humor, es capaz de más autocrítica, de una actitud más compasiva hacia todo tipo de existencias, donde los hombres no son los enemigos, lo que es el enemigo es un sistema caduco y obsoleto. Lo que es el enemigo sería la desigualdad.

Virginia, eres ahora una referente para otras mujeres del ámbito cultural. ¿Cómo piensas que será el futuro de las mujeres en este ámbito de la escena?

Bueno, pues no sabría decirte yo lo que he ido viendo a lo largo de los años… Hace veinte años hicimos unas jornadas, otra amiga y yo, sobre feminismo en la escena y la conciencia feminista. Por aquel entonces incluso las compañera teatreras y compañeros nos veían como esquiroles, como traidoras. O sea, si una compañera hablaba de machismo en su compañía tenía miedo de hacerlo porque los compañeros y las compañeras podían pensar que era una deslealtad.

Entonces había como una idea de que el arte estaba por encima del bien y del mal, que no tenía género, en fin, que las desigualdades de género pasan en otros campos, pero en el nuestro, no. Pues entonces fueron realmente unas jornadas muy duras,  casi nos crucificaron. Levantaron ampollas y, bueno, recibimos de todo, nos dieron por todas partes. Pero la gente que acudió, yo creo que se le quedó, incluso las enfadadas y las cuestionadas. La semilla ya está sembrada.

En estos veinte años, yo diría que cada vez ha habido más creaciones con más conciencia feminista, o con más denuncia por parte de mujeres y por parte de hombres, porque hay que entender que es un colectivo general de alta sensibilidad y a veces con muchos problemas de ego y muchas heridas, pero los y las artistas en general son gente muy capaz de ponerse en lugar de otro y de otra, y de hecho muchas de esas creaciones abordan problemas sociales.

Muchas veces vienen a traer a la escena lo que nadie quiere mirar. Entonces, el tema de géneros se ha ido asumiendo y yo veo cambios. Luego habría también que puede considerarse como un cierto oportunismo, o sea, yo me he mantenido a lo largo de los años sobre todo porque me contrataban asociaciones de mujeres y luego, más tarde, técnicas de igualdad, o sea, no me contrataba cultura, me contrataba bienestar social, asociaciones de mujeres, asociaciones feministas para trabajar.

Entonces, claro, yo sigo trabajado mucho en las fechas puntuales como el 8 de marzo y el 25 de noviembre.  Pero, claro, cuando llegamos a un momento de actividad que es es tan precario para los grupos, claro, es que llevamos unos seis o siete años muy mal, hay muchas compañías de teatro que han encontrado que precisamente hay una demanda de espectáculos, si quieres, entre comillas, con demanda feminista, o sea, con conciencia feminista, y se están haciendo creaciones muy interesantes. Se están haciendo más por sobrevivir… y yo pues me congratulo, me alegro muchísimo de todo de esto, porque según te pone, no funciona, también aprendes y vas tomando conciencia.

O sea, la conciencia no es una cosa que tomas de un día para otro, sino que poco a poco va calando y de repente ya no eres quien eras hace veinte años, y estamos en una fase normal donde la sensibilidad social yo creo que es diferente de como era antes, no tienen nada que ver. Las manifestaciones del 8 de marzo, 28 de marzo, el paro y las manifestaciones que ha habido es que, bueno, han sido una maravilla de bonitos, es un prodigio social. De poner los pelos de punta. Eso quiere decir que ya hay una base, una base que es muy amplia, que lo que era antes cuatro locas, es que ahora está cada vez más extendido. Yo quiero entender que eso tiene que ir a más y que ir calando y permeabilizando en todas las estructuras y los tejidos sociales.

También es cierto que a veces es un pasito para delante y dos para atrás, porque las reacciones en contra son también más viscerales. También tenemos la sentencia de “la manada”, es como una reacción clarísima al 8 de marzo, desde una estructura jerarquía y muy patriarcal, es una respuesta para las  mujeres. O una de dos, o se mueren o acaban como los dinosaurios, o es una especie de extinción que tenemos que esperar a que desaparezca y de mientras ir calando en el resto de la sociedad e ir sembrando por nosotras, por todas nuestras compañeras y compañeros, por los seres en construcción, por las nuevas generaciones que tienen derecho a aspirar a un mundo más equitativo y más justo.

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