ada vez que movemos un dedo, respiramos o andamos, nuestras células soportan, transmiten y detectan fuerzas. Esta interacción de las fuerzas mecánicas con el entorno determina el desarrollo de las células, su progreso, la creación de tumores o la curación de las heridas. Investigaciones del Instituto de Bioingeniería de Catalunya y del Instituto de Mecanobiología de Singapur han 

han avanzado en el análisis de los mecanismos que estas moléculas utilizan para detectar y responder a estímulos mecánicos que desencadenan respuestas de células, comprobando así su adaptación, una vez cambian su superficie y su volumen. Los resultados han demostrado cómo la membrana celular aumenta o disminuye de inmediato para acomodar la forma de la célula, a pesar de su deformación.

Esta investigación se ha realizado a través de una remodelación de la membrana en tres dimensiones (3D) como respuesta a diferentes cambios fisiológicos que se explican a través de un proceso mecánico. Este proceso es pasivo, local, rápido y demuestra que, antes de cualquier modelación, puede almacenar tanto el área de la membrana como el volumen líquido en la interfaz célula-sustrato gracias a la energía elástica. De esta forma también se demuestra la simplicidad del proceso de adaptación de la membrana celular a la deformación.

Los resultados de esta investigación están publicados en este artículo, de acceso abierto, de Nature, que da a conocer cómo la modificación de esta membrana que envuelve las células, evita que estas se rompan aunque se deformen. Este hallazgo es esencial para el desarrollo de procesos tan básicos como la respiración o el latido del corazón. A pesar de la complejidad biológica de las células, las fuerzas de la física y de la mecánica, entender qué forma tienen los pliegues de las células y cómo se evita su ruptura permitirá avanzar en la comprensión de los tumores generados por estas células, mejorar la regeneración de tejidos o problemas respiratorios y cardiovasculares.

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