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James Marion Sims fue una eminencia en la ginecología del siglo XIX, y hasta hace poco contaba con un monumento en el Central Park neoyorkino. Nacido en 1813, cuando en 1883 falleció había creado escuela y mejorado el tratamiento de enfermedades concernientes a las mujeres. Sin embargo, no actuó en beneficio de todas, tan solo de las blancas. A las negras no las consideraba como mujeres, no las tenía por personas, tal como demuestran los experimentos que realizó con esclavas.

La ginecología avanzó a merced de sus experimentos con operaciones quirúrgicas a mujeres negras, esclavas, sin su consentimiento y además sin anestesia. Transcurridos dos siglos, horroriza imaginar sus prácticas y desmoraliza constatar que gracias a ellas muchas mujeres se beneficiaron y se benefician. No obstante, durante muchos años las malignidades del doctor Sims no fueron de conocimiento general, de tal forma que a finales del siglo XIX se le honró con una estatua en Bryan Park, la cual fue trasladada en 1934 a Central Park, justo ante la Academia de Medicina.

La historia, tan poliédrica, no puede mantener ocultas indefinidamente sus facetas más oscuras, repugnantes como las del doctor Sims. Aunque lo cierto es que ha debido llegar el siglo XXI para que tomara cuerpo el movimiento de protesta en contra de la existencia de un monumento en su memoria. Desde 2010, la denuncia ha ido adquiriendo fuerza hasta conseguir que la estatua y el recuerdo de Sims hayan sido desterrados de Central Park.

Muchos de los activistas en esta causa promovían que la escultura fuera destruida, hecha añicos; sin embargo y por el momento, perdurará. La última decisión ha sido la de colocarla sobre su propia tumba, en el cementerio de Green-Wood, en Brooklyn. Una efigie  sobre sus cenizas; ninguna sobre las docenas de esclavas martirizadas.

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