Siempre se ha dicho que escogemos con el corazón tanto en el amor como en las amistades, pero es el cerebro quien marca la pauta y muestra la semejanza entre los grupos de amigos y amigas que tenemos.

 

Tal y como se hizo eco en el artículo You and Your Friend’s Friend’s Friends [Tú y los amigos de los amigos de tu amigo] publicado en el New York Times en 2009 en base al libro Connected (escrito por Nicholas A. Christakis – profesor de medicina, sociología y política de salud en Harvard- y James H. Fowler – profesor asociado de Ciencias Políticas en la Universidad de California, San Diego-), “las personas de nuestro entorno inmediato influyen en cómo pensamos, sentimos y nos comportamos, y la integración de los seres humanos dentro de las redes sociales hace que estos efectos de influencia social repercutan en los lazos sociales y, por lo tanto, se extiendan más allá de las personas con quienes interactuar directamente”.

 

Según la revista Investigación y Ciencia, un equipo dirigido por Carolyn Parkinson, de la Universidad de California, Los Ángeles, ha analizado con ayuda de escáneres, la actividad cerebral de alumnado universitario y ha determinado que esta actividad es similar cuando existe un lazo de amistad entre ellos y ellas. Tal y como queda recogido en el artículo de la Dra. Parkinson junto a sus colegas, el Dr. Adam Kleinbaum y la Dra. Thalia Wheatley, Similar neural responses predict friendship publicado en la revista Nature Communications, se evaluó a 279 estudiantes mediante encuestas en línea, en las que indicaron las personas del programa con el que tenían amistad. Posteriormente, a 42 de los y las participantes que vieron videos, se les analizó la actividad de 80 áreas cerebrales, mediante una resonancia magnética funcional: “los neurocientíficos compararon el orden en el que se habían activado las respectivas áreas cerebrales y analizaron la tendencia estadística de los datos”.

 

El vínculo de amistad mutua -previamente recogido con las encuestas-  fue considerado el “indicador más fuerte de la presencia de una amistad que un vínculo no recíproco, se usó un gráfico que consistía únicamente en vínculos sociales recíprocos para estimar las distancias sociales entre individuos” y fue corroborado por el análisis llevado a cabo: a más distancia en la red social, menos amistad entre las personas del estudio, por lo tanto, menor era la similitud en la respuesta neural detectada por el escáner. El equipo investigador determinó dos motivos que podrían afectar el vínculo de amistad: primero, la posibilidad de que “los individuos a distancias mayores de tres, simplemente no se encuentren con la suficiente frecuencia como para tener la oportunidad de volverse amigos” y segundo, la “regla de los tres grados de influencia” que rige la difusión de una amplia gama de fenómenos en las redes sociales humanas”, en la que coinciden con el Dr. Christakis: “todo lo que hacemos o decimos tiende a propagarse a través de nuestra red e impacta a nuestros amigos con alrededor de tres grados de separación (amigo del amigo de un amigo).

En conclusión, según los resultados del análisis los amigos y las amigas que se tienen son “excepcionalmente similares entre sí en términos de cómo perciben, interpretan y reaccionan ante el mundo que los rodea, como se refleja en mediciones discretas de procesos mentales a medida que se desarrollan con el tiempo”. Esta investigación también podría ser útil para predecir si “dos personas son amigas o no, así como información de distancia social más matizada (es decir, distancia geodésica en una red social de la vida real) basada solo en la similitud de patrones temporales en sus neuronas” y para identificar a “las personas que puedan estar conectadas indirectamente a través de amigos comunes, en una red social del mundo real”.

Con toda esta información en nuestro poder, destaca más que nunca la importancia de elegir bien las amistades, dado el grado de influencia que tienen en nuestra vida.

Si quieres, puedes escribir tu aportación