Jocelyn Bell // Foto Universitat de València

A lo largo de la historia, han sido muchas las mujeres que han realizado contribuciones extraordinarias a la sociedad y, sin embargo, han sido silenciadas. Es el caso de la astrofísica Jocelyn Bell Burnell.

Jocelyn Bell nació en Belfast, Irlanda, el 15 de julio de 1943. Cuando era niña, a ella, junto a más chicas, las enviaban a clase de cocina, mientras que los niños iban al laboratorio.

Pero a Jocelyn le gustaba la ciencia y ya en el Instituto Mount School, en York (Inglaterra) la dejaron hacer el cambio. Su profesor de física tuvo una gran influencia en la investigadora y la animó a hacer lo que a ella le gustaba: la ciencia. Asistió a las universidades de Glasgow, donde fue la única chica que estudió Física y no fue muy bien tratada por sus compañeros y algunos profesores. Por ello se cambió a la Universidad de Cambridge, donde se dedicó a la radioastronomía junto a Anthony Hewish, el que fue su director de tesis, y donde el ambiente era más sano.

Jocelyn Bell // Wikipedia

Normalmente, en las investigaciones siempre había un superior, hombre, que ejercía el poder sobre el resto del equipo. Jocelyn trabajó junto a sus compañeros Hewish y Martin Ryle y ayudó a construir un radiotelescopio, en un ambiente más cooperativo e igualitario. Cuando lo inauguraron en 1968, Bell fue la encargada de usarlo y analizar los datos. Lo increíble es que, una de esas veces, Jocelyn se dio cuenta que había una señal que no podía explicar. Las señales, representadas en líneas de frecuencia, se repetían casi cada segundo. Descubrieron que la señal provenía de una estrella de neutrones que, cada vez que oscilaba, producía púlsares, y que podía derivar a un agujero negro, teoría que más tarde Hawkins desarrollaría. Su compañero Martin Ryle llamó a John Maddox, el editor de la revista Nature, y el 24 de febrero de 1968 fue publicado el artículo. Su contribución, además, contrastó e hizo posible la teoría de Einstein sobre la gravedad.

A pesar del descubrimiento de Jocelyn Bell, el 10 de octubre de 1974 Maddox la avisó de que el Premio Nobel, en lugar de dárselo a ella -apenas si la nombraban-, se lo habían dado a Hewish. Pero la investigadora no se hundió por ello.

Bell creció en una familia cuáquera, una doctrina religiosa según la cual se espera que desarrolles tu propio entendimiento de Dios a partir de tu experiencia con el mundo. Esta idea de desarrollar tu propio entendimiento también significa que sigues desarrollándolo al adquirir más experiencia. Bell considera que el cuaquerismo y la investigación van unidas de la mano, pues, como dijo en el documental Beatiful Minds (Mentes Brillantes), “en ambos, tanto en cuaquerismo como en ciencia, se espera que desarrolles tu pensamiento. Nada es estático”.

No obstante, aunque la investigadora no recibió el Premio Nobel en reconocimiento a su descubrimiento, tiene una respuesta para ello. Según ella, se puede sobrevivir sin un Premio Nobel. Ella misma ha obtenido muchos otros premios y reconocimientos y asegura que se ha divertido mucho más que si hubiera conseguido el Nobel, que  “es solo como un destello: lo ganas, te diviertes una semana y después todo se acaba, y ya nadie te da nada después de eso porque sienten que no pueden igualarlo”.

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