Observando la fotografía de la formación de un huracán, puede parecer extraño cómo puede haber tanta “calma” en medio de la extraordinaria fuerza que se desata alrededor. El misterio del “ojo del huracán” sigue provocando al mundo científico, pero ahora se conocen las condiciones que lo forman.

Lo que se sabe hasta ahora, según lo descrito en la revista Investigación y Ciencia, es que un huracán juega con grandes números: el diámetro de este tipo de tormentas puede llegar hasta 2000 kilómetros y las velocidades alcanzadas suben hasta 340 kilómetros por hora, mientras que, en el centro, el ojo del huracán mantiene vientos muy débiles.

Ludivine Oruba, doctora en meteorología e investigadora de la Universidad Pierre et Marie Curie, de París, junto a otros dos científicos, han simulado, con ayuda de ordenadores, “un modelo simplificado de la atmósfera para simular un ciclón y estudiar los diferentes parámetros que intervienen en la dinámica del ojo del huracán” y ha expuesto sus conclusiones en el artículo Formation of eyes in large-scale cyclonic vórtices [Formación de ojos en vórtices ciclónicos a gran escala], publicado en la revista APS Physics. Tanto la Dra. Oruba como sus compañeros han hecho varios experimentos numéricos para determinar la formación del ojo del huracán en convección rotatoria y han podido demostrar que “un ojo se forma como una respuesta pasiva al desarrollo de una llamada pared del ojo, un anillo cónico de intensa vorticidad azimutal negativa que se puede formar cerca del eje y separa el ojo del vórtice primario”. La vorticidad es una magnitud física que cuantifica la rotación de un fluido y que se utiliza en meteorología. Esta magnitud se basa en que “el flujo poloidal elimina la vorticidad negativa de la capa límite y la transporta hacia arriba en el líquido cuando gira hacia arriba cerca del eje”, lo que explica la diferencia significativa entre la fuerza de los vientos alrededor del ojo y la de los vientos centrales.

El Dr. Emmanuel Dormy, del Departamento de Matemáticas y Aplicaciones de la École Normale Supérieure de París, forma parte del equipo de Oruba y está especializado en modelos matemáticos para la dinámica de los fluidos geofísicos. Según recoge la revista, el Dr. Dormy explica la importancia de utilizar las matemáticas en este tipo de procesos gracias a que “permiten identificar los mecanismos fundamentales” para hacer previsiones.

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