Sophie Scholl // www.biographyonline.net

Nuestra resistencia provocará olas, fueron unas de las últimas palabras que dijo Sophie Scholl, según Renate Deck, amiga de la infancia de Sophie. Scholl formaba parte del movimiento pacífico de resistencia contra el régimen nazi protagonizado por diversos jóvenes alemanes contrarios a las políticas de Hitler.  Sabemos mucho sobre la oposición al régimen nazi de los países aliados contra Hitler, pero poco sobre las propias resistencias que se crearon dentro de Alemania para derrocar el régimen nazi, y menos de las que fueron protagonizadas por mujeres, como es el caso de Sophie Scholl.

El diálogo como estilo de vida

Sophie Scholl nació en Forchtenberg en una familia compuesta por cuatro hermanos, donde ella era la única chica. Según destaca Renate Deck, el núcleo familiar se inspiraba en los valores cristianos, pero, sobre todo, en los diálogos en torno la mesa familiar. Renata subraya cómo la unión entre el corazón, la ternura y la razón eran básicos en la educación de los Scholl, y el diálogo era la parte fundamental en sus relaciones. Tanto fue así, que el diálogo se extendió a la labor posterior de grupo de resistencia pacífico de la Rosa Blanca. Para ellos era un estilo de vida, según Renata, contrario a la dictadura y a la barbarie del régimen nazi, en el que la violencia y la aniquilación de la libertad y la vida humana eran las principales características.

En su trayectoria destaca cómo los jóvenes alemanes fueron seducidos en sus inicios por Hitler y su movimiento, creyendo que les traería mayor libertad y emancipación. En casa de los Scholl, su hermano Hans, traía en al principio fotos de Hitler, su padre las escondía, y criticaba las ideas de ese incipiente líder, pero no fue hasta 1935, cuando Hans acudió a la primera reunión del partido, donde tomó conciencia del mal que podría acontecer a Alemania, e inició con su padre un nuevo diálogo crítico sobre el movimiento nacionalsocialista perpetrado por Hitler. Por otro lado, Sophie cuando estaba finalizando secundaria, fue arrastrada a formar parte de las juventudes hitlerianas, pero pronto vio la barbarie de sus ideas, y fue muy crítica con las mismas. En 1937 Sophie Scholl se declaró opositora a la dictadura de Hitler tras conocer el arresto de sus hermanos y amigos por participar ilegalmente en el Movimiento de Juventudes Alemanas. Otro de los momentos que le marcó fue el arresto de su padre por criticar a Hitler frente a un empleado suyo. Su padre siempre les decía: “lo que quiero para vosotros es que viváis con rectitud y libertad de espíritu, sin importar lo difícil que resulte”.

El inicio de la Rosa Blanca,  la valentía de denunciar las atrocidades nazis

Sophie era una lectora ávida de filosofía, teología y literatura y tras finalizar sus estudios de secundaria en 1940 inició su trabajo como profesora de jardín de infancia en el instituto Fröbel de Ulm-Söflingen. Pensó que se le reconocería como servicio alternativo al Servicio Alemán del Trabajo para poder acceder a la universidad, pero no fue así y tuvo que asistir como auxiliar de enfermería de guerra durante seis meses para poder acceder posteriormente a la universidad. En ese período, incrementó su resistencia contra el régimen nazi. En mayo del 1942 se matriculó en Biología y Filosofía en la Universidad de Múnich.

Fue precisamente en Múnich donde se gestó el movimiento de la Rosa Blanca. Sophie Scholl, su hermano Hans, Alexander Schmorell y Jürgen decidieron pasar a la acción cuando en 1942 se inició la deportación masiva de judíos. Dar esquinazo a la Gestapo, la policía secreta, no era fácil, por eso tuvieron que elaborar estrategias para no ser descubiertos. Compraron una máquina de escribir y una copiadora manual y Sophie compraba pequeñas cantidades de papeles y sobres por diferentes tiendas para que el material no se le incautara. Escribían los panfletos de la Rosa Blanca, para distribuirlos y que al menos un mensaje contrario al régimen llegara a sus conciudadanos.  

Uno de los primeros textos decía: Nada es tan indigno de una nación como el permitir que sea gobernada sin oposición por una casta que ha cedido a los bajos instintos… La civilización occidental debe defenderse contra el fascismo y ofrecer una resistencia pasiva antes de que el último joven de la nación haya derramado su sangre en algún campo de batalla.

Panfletos de la Rosa Blanca inmortalizados en a plaza Geschwister Scholl

Sophie y sus compañeros trabajaron día y noche en clandestinidad, produciendo miles de panfletos que luego eran transferidos a intelectuales, médicos, profesores, estudiantes,… desde lugares no detectables, para que llegaran a la ciudadanía. También utilizaron una de las iglesias católicas, en concreto usaron como escondite un órgano de esa iglesia para esconder sus panfletos. Como explica Franz Joseph Müller, uno de los supervivientes de la Rosa Blanca, “allí nunca los buscarían los nazis”.

El segundo panfleto de la Rosa Blanca decía: “Desde la conquista de Polonia 300.000 judíos han sido asesinados, un crimen contra la dignidad humana… Los alemanes alientan a los criminales fascistas cuando carecen de un sentimiento que clame a la vista de semejantes acciones. Es preferible el fin del terror antes que un terror sin fin”.

Defender la libertad y denunciar la barbarie hasta el final

Así estuvieron implicados desde el verano de 1942 hasta febrero de 1943 cuando fueron detenidos. En febrero de 1943 su actividad se incrementó: pintaron eslóganes antinazis en las puertas de la universidad, “¡Fuera Hitler!”, y repartieron folletos por todo el campus. Sophie decidió subirse a unas escaleras y tirar los últimos folletos a los estudiantes y ahí un conserje, miembro del Partido Nazi, la vio y la denunció. La Gestapo vino rápidamente y arrestaron a Sophie y a Hans Scholl, era el 18 de febrero de 1943.  La policía secreta puso al lado de Sophie a una prisionera, Elsa Gebel, para intentar sacarle más información y nombres de su grupo. En lugar de eso, Elsa quedó convencida por el sentido de las ideas del grupo de la Rosa Blanca y por Sophie, tanto fue así que decidió escribir una carta a los padres de Sophie diciendo que los últimos cinco días de la vida de su hija le había cambiado toda su forma de pensar y la marcaron para siempre.

Tanto la madre como el padre de Sophie y Hans fueron a verlos a la cárcel antes de ser ejecutados por traición. Su madre les dijo: “estoy orgullosa de vosotros”. El padre tuvo una intervención durante el juicio celebrado a sus hijos y dijo delante del juez Roland Freisler, uno de los jueces más temidos y crueles de la Alemania nazi: “Si nadie defiende a mis hijos lo voy a hacer yo”, le dijo al juez “Hoy somos nosotros, pero mañana será su turno, nosotros estamos en la verdad, pero usted no”.

Las últimas palabras de Sophie Scholl antes de ser ejecutada fueron un llamamiento de sentido, justicia, entrega y libertad, con la esperanza de que sus injustas muertes fueran un impulso contra el régimen nazi: ”¿Cómo podemos esperar que prevalezca la justicia cuando casi no hay personas que se brinden individualmente en pro de una causa justa? Un día tan bonito, tan soleado, y debo irme, pero, ¿qué importa mi muerte, si a través nuestro miles de personas se despiertan y comienzan a actuar?”.

Sophie Scholl jamás renunció a su ideal, no podía ceder a la barbarie, aunque le costara la vida. Como ella dijo, “nuestra resistencia provocará olas”, y hoy día el movimiento de la Rosa Blanca sigue sirviendo de inspiración como movimiento de resistencia pacífico que no se sometió a la violencia y la crueldad. En la universidad de Múnich cada día aparece una rosa blanca, en su memoria. Su lucha no fue en vano, su testimonio valiente nos ha dejado una estela para continuar provocando más olas de libertad.

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