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El 11 de febrero salió a luz el escándalo de OXFAM –varios directivos acosados de explotación sexual– y, días más tarde, ya había posicionamiento ante esta conducta tanto por parte de otras ONG como por parte de cargos más altos de  la misma OXFAM, tal y como han recogido varias colaboradoras del Diario Feminista.

El caso había dividido la opinión pública: ¿había sido bueno o no que salieran a la luz estos casos? La respuesta es un sí contundente dado que, una vez abierto el debate, las organizaciones podrían actuar ante este tipo de comportamientos tan contrarios a objetivos como mantener la paz y la seguridad, proteger los derechos humanos o distribuir ayuda humanitaria entre otros, para que no se volvieran a repetir. Según comenta Stephane Dujarric, portavoz del secretario general de la ONU, hay “más de 95,000 civiles y 90,000 empleados uniformados trabajando para la ONU, y la explotación y el abuso sexual no reflejan la conducta de la mayoría de las mujeres y hombres dedicados que sirven a la Organización”, recoge Euronews. Durante 2017 se recibieron más de 150 denuncias de abuso sexual u hostigamiento en varias de las principales agencias de las Naciones Unidas, muchas de los cuales aún están siendo investigadas. “Cada acusación que involucra a nuestro personal socava nuestros valores y principios y el sacrificio de aquellos que sirven con orgullo y profesionalismo en algunos de los lugares más peligrosos del mundo”, comentaba Dujarric.

De momento, el posicionamiento a favor de las víctimas ha sido claro: las personas implicadas en las acusaciones están siendo investigadas y otras han sido sancionadas con el despido. El director general de la ONU en Viena y también director ejecutivo de la ONU contra la Droga y el Delito, Yury Fedotov, ha hecho oficial, en un comunicado a todo el personal de la organización, la tolerancia cero ante el acoso sexual.

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