¡Queda aprobado el artículo 34!”, proclamó Francisco Barnés, que presidía la Cámara de los Diputados de las Cortes Republicanas de España, mientras otras personas abucheaban el resultado favorable al sufragio universal en el estado. Era el 1 de octubre de 1931.

Clara Campoamor, elegida como diputada en las listas del Partido Radical en 1931, tuvo un papel relevante en la lucha y en la aprobación final de este artículo. Clara, antes del día del debates, se pasó todo aquel verano del 31 escribiendo borradores sobre el sufragio femenino. Trabajo muy duro, pero con una creación de sentido que cambiaría la vida de millones de mujeres en nuestro país. Durante ese periodo se reunía con muchas personas, debatía todo lo que podía, tuvo que soportar desprecios y, aún así, no cesó nunca en su trabajo y su lucha por conseguir hacer realidad los derechos de las mujeres. Por ello, Clara fundó en ese mismo tiempo la Unión Republicana Femenina cuyo objetivo era proporcionar a la mujer sus deberes cívicos, activos y pasivos, a través de cursos y conferencias acerca de temas políticos y de cultura general.

Clara Campoamor en la inauguración de la sede de la Unión Republicana Femenina en 1931.

El día del debate sobre el voto de la mujer en el Parlamento, Clara fue la primera que se dirigió a toda la ciudadanía desde la tribuna del Congreso. Llevaba una intervención exhaustiva y medida para intentar argumentar y convencer con sus argumentos a la mayoría de sus señorías sobre la importancia del voto de la mujer. Uno de los párrafos más conocidos de su discurso es este:

Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino.

Clara Campoamor

Durante ese debate tuvo que enfrentarse a varias personas, entre ella a Victoria Kent, quien negaba a las mujeres la capacidad de pensar por sí mismas, ya que, afirmaban, la iglesia les influía y por lo tanto votarian a la derecha. Ante ello, Clara subió nuevamente a la tribuna y desmontó ese argumento. Esto acabó por convencer a la mayoría a favor del sufragio universal.

Esta semana Clara Campoamor cumpliría 130 años y gracias a su perseverancia consiguió lo que ella tanto deseaba: que las mujeres, independientemente de sus ideas políticas o de su formación, tuviéramos la posibilidad de votar y de ejercer nuestra libertad. Mujeres como ellas nos hacen libres a las demás, y ello nos recuerda la importancia de continuar trabajando para llegar a la igualdad real entre hombres y mujeres y de practicar la libertad ejerciéndolo.

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