El nacimiento de Venus de Botticelli // Wikipedia

El avance de las sociedades medievales a las modernas trajo consigo mayores libertades para las mujeres, que dejaban de ser propiedad de sus padres o sus maridos para poder decidir de forma libre con quién deseaban casarse. Esa emancipación, con la superación del feudalismo, dejó atrás prácticas tan sumisas como lo que en latín se llamaba Ius primae noctis o el derecho de pernada.

La época moderna no solo fue un avance para las mujeres, sino que a nivel social significó el período de mayor conquista de libertades como ciudadanos y ciudadanas con la superación de las estructuras feudales, al dejar la ciudadanía de ser siervos de una persona. Lo mismo se demuestra a nivel artístico, siendo el romanticismo el movimiento artístico y cultural desarrollado a partir de la búsqueda de la libertad de los individuos, con manifestaciones artísticas tan reconocidas como La Libertad guiando el pueblo, de Delacroix (1830), obra que significa un canto a la Revolución de 1830.

Todos esos cambios sociales y culturales tuvieron un impacto directo en las formas de relacionarse de la gente, siendo un período capital para la emancipación de las mujeres ya que fue entonces cuando empezaron a escoger casarse por amor, por enamoramiento, y no por obligación de sus padres o sus abuelos.

Hoy en día, sin embargo, desde una confusión absoluta de lo que fueron los avances de la modernidad y las reivindicaciones del romanticismo, alzamos el puño en alto delante de las obras pictóricas de Delacroix mientras destrozamos con discursos y prácticas reaccionarias el amor y la libertad que aquellas mujeres lograron.

Quizás el problema de los principios románticos está en el hecho de que el amor siempre se manifiesta entre un chico y una chica, quizás las formas de relacionarse han cambiado. ¡Obvio! Hablamos del siglo XIX, es tan sencillo como adaptar todos aquellos principios y deseos a la realidad del siglo XXI, sin machacar los mejores sentimientos ni los logros de tantas mujeres durante toda la historia.

Ahora bien, no confundamos la historia, ni pervirtamos episodios generando enormes contradicciones. Las relaciones que surgen con la superación del feudalismo son relaciones deseosas de amor y libertad. ¿Dónde está aquí la violencia? La violencia no nace del amor, ni de los ideales y sueños de relaciones mágicas. La violencia llega cuando destrozamos todos estos sueños en nombre de una supuesta libertad que lleva a las chicas a tener relaciones con los peores chicos, focalizando todo el deseo en este tipo de relaciones y de ligues, y no en aquellas basadas en el respeto, el amor y el deseo mutuos. La violencia no nace de los mitos y las naranjas, sino de la contradicción entre la ética y el deseo cuando hacemos proclamas en nombre del feminismo mientras mantenemos relaciones sexuales y afectivas con los peores enemigos de la solidaridad, el respeto, el amor y cualquiera de los principios de la modernidad.

El error histórico que pretende confundir nace aquí, ya que es mucho más sencillo remontarnos a la mitología y la fantasía y achacarla, que analizar el presente y pensar qué estamos haciendo para terminar con la violencia, no la del XIX, la de hoy. A todos y todas aquellas que, en contra del amor, nos quieren someter a relaciones afectivo-sexuales sin sentido que destrocen nuestros sueños e ilusiones para siempre. Destrozando ya la capacidad de soñar y de vivir intensamente relaciones maravillosas a muchos y muchas jóvenes, que ven más guai y más transgresor enrollarse cada fin de semana con personas que las van a despreciar en las puertas de los conciertos y discotecas, que no elegir libremente, sin las presiones del entorno, con quién y cuándo desean tener sus relaciones.

Muchas críticas al amor romántico no son más que el desprecio al amor, a las ilusiones y los deseos, en nombre de una libertad tan reaccionaria que es capaz de imponer a todo el mundo qué modelos de relación debemos tener y cuáles debemos rechazar. Sin entender que la imposición de cualquier tipo de relación, sea la que sea, vaya disfrazada de progresismo o de patriarcado, no es más que un acto cargado de fascismo y frustración. Las críticas al amor, sin alternativas apasionantes e ilusionantes, son, aparte de insolidarias, antifeministas, ya que están abocando a muchas chicas, en edades muy tempranas, a tener relaciones “cuantas más mejor, no importa el quién”, socializándolas en unos modelos de relación perversos y nocivos para sus vidas futuras, con unas consecuencias muchas veces irreversibles. Cargarse el amor e imponer la “libertad” sin pensar en el futuro de las chicas que empiezan a crear sus primeros sueños de enamoramiento e ilusión, es una condena que les puede costar la vida. Y eso sí es violencia y coacción.

Viendo el trascurso de la historia, es más fácil hoy en día cargarse el amor que no plantearnos porqué nos socializamos de forma tan clara deseando y poniendo la atracción en la violencia,  las tensiones, los malos rollos, las discusiones, los engaños, los chicos que sabemos que van a tratarnos mal. Plantearnos eso implica un esfuerzo profundo por parte de cada una de nosotras, siendo mucho más fácil seguir hablando de la problematización de los colores rosa y azul de las niñas y niños, y más adelante destrozando su ilusión de amor. Si hiciéramos un esfuerzo histórico y recuperáramos aquellos ideales, veríamos de forma clara que el amor es la mayor prevención de la violencia.

Tenemos referentes de personas que hacen de sus vidas sus propias novelas y que, al final de ellas, podrán contar las mejores de las historias, apasionadas, ilusionantes, deseadas, cargadas de amistades y amores profundos y de relatos maravillosos. ¿Qué historias vamos a contar cada una de nosotras? ¿Y qué futuro les brindaremos a las chicas que vienen detrás de nosotras? ¿El que habrá ensuciado y pervertido grandes momentos de sus vidas, o el que hará de sus vidas, sus mejores novelas que contar? Como feministas, no deberíamos dudarlo ni un instante más.  

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