Cada vez se observa más el consumo de bebidas energéticas como una alternativa para mantenernos activ@s, para aumentar la concentración o simplemente como rendimiento deportivo; sin embargo, la mayoría de veces desconocemos los efectos adversos que pueden tener sobre nuestra salud.

El consumo de este tipo de bebidas energéticas comercializadas en todo el mundo ha aumentado drásticamente en los últimos años. Por ello, algunas investigaciones científicas como el reciente estudio Health Effects and Public Health Concerns of Energy Drink Consumption in the United States: A Mini-Review [Los efectos sobre la salud y las preocupaciones sobre la salud pública del consumo de bebidas energéticas en los Estados Unidos: una mini-revisión] se han preocupado de informar a la sociedad sobre sus posibles efectos negativos para la salud.

En este sentido, las evidencias nos informan sobre el riesgo que pueden provocar estas alternativas sobre la salud física. Investigadores/as de la Escuela Chan de Salud Pública de Harvard nos informan que consumir este tipo de bebidas energéticas puede generar problemas relacionados con el riñón, enfermedades cardiovasculares, diabetes, caries, hipertensión arterial… De hecho, l@s investigador@s advierten que la escasa regulación y supervisión de este tipo de bebidas puede suponer un riesgo mayor entre el colectivo de jóvenes, ya que a menudo suelen mezclarlas con bebidas alcohólicas. Por otro lado, los resultados del estudio también nos muestran que el consumo de estas bebidas puede asociarse al riesgo de padecer no sólo enfermedades cardiovasculares o efectos metabólicos adversos, sino que además puede generar a largo plazo una disfunción eréctil. Entre los factores potencialmente contribuyentes se destacan la taurina, el ginseng y guaraná.

Los efectos negativos para la salud asociados con las bebidas energéticas junto con la falta de supervisión y la comercialización masiva entre los colectivos más adolescentes, son algunas de las preocupaciones que destaca la investigación. De hecho, supone un reto no sólo para los investigadores y las investigadoras sino también para los profesionales de la salud pública. Así pues, gracias a estudios científicos como el que hemos presentado, podemos conocer los riesgos que pueden suponer para nuestra salud.

La alternativa que nos ofrece la investigación es clara; a corto plazo, podemos consumirlas teniendo en cuenta sus efectos. Pero si queremos mantenernos más sanas y sanos, disfrutando de una mejor salud, la mejor opción es impulsar nuestra energía manteniéndonos hidratados e hidratadas.

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