Esta semana salió la noticia de la denuncia de una soldado a compañeros del acuartelamiento aéreo de Bobadilla, en Antequera (Málaga). Ha denunciado haber sido agredida sexualmente el pasado 10 de diciembre de 2017, cuando salió a tomar unas cervezas junto a más compañeros, según el País.

Cuenta la víctima en su declaración que, tras retirarse un momento al aseo del establecimiento, notó la cerveza que estaba tomando especialmente amarga, pero que no le dio mayor importancia. Narra también que, al encontrarse mal, un compañero cabo mayor, la acompañó a su habitación del cuartel y la ayudó a cambiarse de ropa y acostarse. Al día siguiente, la víctima fue al aseo y notó algo extraño, y es que tenía las medias debajo del pantalón de pijama y estaban manchadas con una sustancia orgánica. Así mismo, al cruzarse con compañeros muchos se reían y alguno le dijo, como declara el abogado de la víctima, Javier Rincón, “deberías haber tapado la cerveza”.

La soldado le contó lo sucedido al mismo cabo mayor que la acompañó al cuartel la noche anterior y a otra compañera. Al tener un fuerte dolor de cabeza -teniendo en cuenta que no había ingerido una gran cantidad de alcohol- y moratones por el cuerpo, le hicieron una prueba para determinar si había sido drogada y dio positivo en barbitúricos, una sustancia que deja el sistema nervioso de la persona totalmente sedado.

Diez días después, la soldado realizó otra denuncia con motivo de recordar más hechos de lo sucedido, y cuenta cómo en el bar al que fueron, dos de los compañeros con los que siempre bromeaba se mantuvieron muy distantes y cómo se sintió acosada por dos agresores, que la manoseaban y decían varios comentarios machistas. Seguidamente, el pasado 16 de enero volvió a realizar una tercera declaración, en la que cuenta que tiene vagos recuerdos de lo sucedido en la habitación, en la que un agresor la agarraba del brazo -mientras le decía cosas, según cuenta la víctima-  y había otro dentro de la misma habitación. De hecho, cuenta una de sus compañeras que durante la noche escuchó aullidos de los soldados, pero en el momento no le dio importancia y se sospecha que se hicieran avisos entre los mismos agresores.

El caso se ha llevado a un juzgado militar y dos juzgados de instrucción en Antequera tienen abiertas diligencias. Se han tomado muestras de ADN de diez soldados y se espera que se tomen medidas cautelares, pues no es normal que la víctima esté encerrada en casa, mientras los agresores campan a sus anchas. Así mismo, las prendas de ropa que llevaba la víctima han sido transportadas al laboratorio de Inspecciones Oculares de la Brigada de Policía Científica de la Comisaría Provincial de Málaga, donde han sido analizadas y se han confirmado restos orgánicos de la agresión.  

La soldado está actualmente de baja y sometida a tratamiento psicológico, pues al no ser consciente de sus acciones a causa de ser narcotizada, no entiende qué pasó y por qué su entorno se comporta de esa manera, sin tener apoyo alguno, tal y como afirma su abogado.

Si dices a la víctima que “tape su cerveza” o “cómo ibas ayer”, te estás posicionando al lado de los agresores. No debemos tapar nuestras cervezas, debemos denunciar a las personas violentas que agreden a otras y apoyar a las víctimas, pues podríamos ser cualquiera.  Javier Rincón dijo el pasado jueves en el programa Espejo Público, uno de los valores que tiene el Ejército es el compañerismo y nadie debe quedar atrás, pero ¿dónde estaba el compañerismo cuando la víctima fue agredida por sus propios compañeros?  

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