Contra el acoso y abuso sexual de las mujeres pueden dictarse y cumplirse leyes o pueden establecerse vergonzosos parches. Uno de los previstos es el que se pondrá en marcha en Rabat en forma de autobuses de color rosa reservados a las mujeres a fin de que se hallen libres de agresiones de carácter sexual. Especifica el alcalde de la ciudad que no serán obligatorios sino opcionales, calculando que tendrán una muy buena acogida en las horas punta, cuando la aglomeración de pasajeros propicia sobremanera las extralimitaciones de los hombres.

Entre los posibles comentarios que tal decisión despierta se encuentra el detalle de la pintura de los vehículos. Serán de color rosa, el asignado a las niñas occidentales desde antaño en contraste con el distintivo azul para los niños. Sucede, sin embargo, que entre nosotros se va dejando de lado semejante ñoñez, en tanto que descubrimos que ha sido adoptada en un país musulmán. El alcalde islamista Mohamed Sadiki lo tiene claro, la separación por sexos debe ir acompañada de una discriminación visiblemente rosa.

También es necesario comentar que Marruecos no es el único país donde en lugar de atajar el problema por medio de las debidas sanciones aplicadas a los acosadores prefieren la segregación. Entre otros, Méjico, Brasil, Japón o Tailandia practican semejante sistema. Católicos, sintoístas, budistas o musulmanes, democracias o dictaduras, a la figura masculina se le perdonan sus excesos, salvo que resulten muy graves, y no siempre es así, desafortunadamente. Ante los instintos descontrolados, consideran que lo mejor es apartar de su camino a las tentadoras.

La igualdad entre sexos ni se contempla, pues. Ellos a un lado, ellas a otro. En los autobuses de Rabat o en los vagones de metro nipones y demás. Quizás sean las mujeres las que deberían negarse a aceptar tal separación. Mejor juntos en la escuela, en el trabajo, en la iglesia, en la diversión y en el transporte. Y si alguno se pasa de la raya toca defenderse, que existen armas de sobra.

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