Ursula K. Le Guin // blog.tapuz.co.il/elizabethbennet

Ursula K Le Guin dejó esta tierra el pasado lunes, la inventora de otros mundos que se reflejan siempre en el que vivimos. Queremos recordar su trayectoria y la importancia de su obra para los feminismos y las corrientes anarquistas, así como la relevancia que consiguió darle al género fantástico y de ciencia ficción.

La prolífica escritora de la imaginación es una referencia para muchas personas que, como ella, sueñan con un mundo donde se cuestionan los roles de género y los sistemas de poder, personas que, como ella, combaten la esclavitud del capitalismo.

La lectura de sus novelas y relatos literarios transporta a esos mundos otros, que como aquellas otras inapropiables, llevan a vislumbrar posiciones sociales diversas, donde no faltan los conflictos internos y la autocrítica, que desembocan en saberes y prácticas reflexivas que se alejan del hacer universal. Mundos y galaxias donde es posible experimentar con sociedades anarquistas, no como una utopía idílica, sino con las problemáticas con las que podemos encontrarnos en nuestras propias experiencias de otros modos de relacionarnos, de apoyo mutuo o trabajo colaborativo, a través de dos lugares opuestos, uno habitado por odonianos, descendientes de exiliados de una revolución anarquista que sobreviven en una luna arisca sin la necesidad de un estado-nación, y otro planeta extravagante, donde el propietariado dirige un mundo que se rige por el capital.

La escritora transgrede los roles de género en planetas que muestran una sociedad cuyos habitantes son andróginos durante la mayor parte del tiempo, y cuando adquieren un rol de macho o hembra es dependiendo de la influencia de feromonas del compañero sexual; aquí el visitante extranjero, hombre, prisionero de su masculinidad, se enfrentará al desafío de no poder atribuir un género a su interlocutor, y puede vivir un mundo donde la inexistente competitividad entre “machos” hace casi inexistentes también las guerras.

Le Guin nos transporta a mundos fantásticos donde heroínas y héroes luchan más contra sus propias sombras que contra grandes enemigos externos, donde, entre otras cosas, la autora pone relevancia en que sus protagonistas no sean blancos, hecho que provocó el agradecimiento de muchas personas de color, y donde la salvadora última es una niña víctima de acoso sexual y violencia familiar.

Le Guin ha demostrado al mundo que la fantasía y la ciencia ficción pueden crear obras únicas y atemporales, capaces, como el título del artículo indica, de cambiar el mundo.

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