La pasada semana València Laica y l’Associació Valenciana d’Ateus i Lliurepensadors (AVALL) denunciaban ante la inspección educativa valenciana la práctica de las Constelaciones Familiares y la Pedagogía Sistémica, por su implementación en el colegio público de Albalat de València. Expresaban su indignación por tratarse de un método que no tiene aval científico y que ‘si ningún psicólogo colegiado puede emplearlas en consulta, menos aún deben ser utilizadas en los centros educativos’. 

Esta pedagogía se promueve desde Centros de Formación del Profesorado de la Comunitat Valenciana desde hace años, pero también en universidades públicas del territorio y de otras partes del estado. Por el momento, parece que el Servicio de Formación del Profesorado en la Conselleria d’Educació Valenciana retirará de sus programas toda la formación que hace referencia actualmente a la pedagogía sistémica.

Existen proyectos educativos que sí están basados en evidencias científicas como, Comunidades de Aprendizaje. Éste ha sido uno de los proyectos educativos líder a nivel mundial que se posicionó diciendo “no todo vale en la educación de nuestros hijos e hijas”. Desde su inicios, poco antes de los años 80, ha trabajado intensamente para asegurar que toda niña y niño sin distinción pueda beneficiarse del progreso científico en la educación. También en esos años, países como Finlandia, realizaban la transformación de los diseños de formación del profesorado y las políticas educativas, para basarse en evidencias científicas.

La profesora Lidia Puigvert, es una feminista reconocida internacionalmente por su investigación en la Socialización para la Prevención de la Violencia. En el debate publicado en DF el pasado sábado, exponía con brillantez como, “apartar a las mujeres de la ciencia ha sido una de las acciones del patriarcado que más consecuencias negativas ha tenido para nuestras vidas y para el conjunto de la sociedad”. La intrusión de la pedagogía sistémica en foros de formación y espacios socioeducativos es un claro ejemplo del peligro del ocultamiento de las evidencias científicas. Muchas mujeres investigadoras y profesionales de la educación, campo además que atendemos en mayoría, luchamos por ofrecer una mayor libertad y democracia educativa abriendo redes de colaboración e investigación entre Políticas – Universidad – Profesorado – Comunidades Educativas.

Cada vez más personas nos preguntamos: ¿Por qué negamos el progreso científico en la educación de las niñas y los niños y empleamos recursos y esfuerzos en ocurrencias que sabemos que no funcionan? Aplicar evidencias no cuesta más dinero ni más recursos, en cambio, genera mejores resultados y, lo que es más importante, introduce el derecho de toda niña y niño sin distinción a vivir su mejor sueño.

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