Sara Berenguer fue miembro de Mujeres Libres, la organización de mujeres más amplia del mundo en los años treinta del siglo XX, que reunió a más de 20.000 mujeres obreras y campesinas por la superación de lo que llamaban la triple esclavitud:  por ser mujer, por su condición obrera y por no haber tenido acceso a la educación.

Sara Berenguer, miembro de Mujeres Libres

Este movimiento es todavía referente en el feminismo internacional porque fue el primero en el que se organizaron las propias mujeres obreras en la reivindicación por sus derechos como mujeres, independientemente de partidos políticos y sindicatos. Esa independencia no era solo formal sino muy profunda. Algunos compañeros les comenzaron a decir: ¿No sois mujeres libres?, ¿por qué no te acuestas conmigo?”. Ellas contestaban: “Por eso, porque somos libres, y recuerda, somos mujeres libres, no mujeres liebres”. Algunas autoras se extrañan de que la mayoría del feminismo resurgido en España en los años setenta no tuviera en cuenta a estas precursoras, mientras sí eran más conocidas a nivel internacional.

Durante la revolución social que estalló en Barcelona el 19 de julio de 1936, Sara tenía 16 años. Se implicó en el comité revolucionario de su barrio, Les Corts, así como participó muy activamente en las Juventudes Libertarias y en el Ateneo Libertario. Después de una charla organizada por Mujeres Libres, decidió implicarse en ese movimiento. Justo antes del inicio de la conferencia, a cargo de Conchita Guillen, Sara escuchó en varios corrillos de jóvenes comentarios despectivos sobre Mujeres Libres. Los chicos hacían burla, las mofas giraban en torno a qué se creían creando una organización sólo de mujeres. Sara, al escucharlos, sintió indignación, la misma que tuvo con solo 13 años cuando trabajaba en una carnicería del mercado del Ninot y uno de los empleados la esperó en el pasillo de las cámaras frigoríficas para abalanzarse sobre ella y tocarle los pechos. Al finalizar la charla, la joven hizo una intervención defendiendo la necesidad de organizarse las mujeres para la superación de las desigualdades que sufrían. Desde ese día, pasó a ser una de las componentes más activas de la organización.

Sara se implicó en las actividades educativas dirigidas a las mujeres, desde cursos de alfabetización y cultura general al fomento de la lectura a través de las mejores obras literarias. Además de la educación, la solidaridad y la lucha antifascista fueron ejes clave de las actuaciones en las que se implicó. Fue miembro del comité central de Solidaridad Internacional Antifascista, actividad que continuó desde su exilio en Francia, contribuyendo a rescatar a personas refugiadas de los campos y a unir familias que se había separado durante el conflicto. Durante la ocupación nazi fue enlace de la Resistencia Francesa.

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