Cuenta la leyenda que, hace mucho, destacados sabios “magos” de procedencia bien distinta, se unieron en un largo viaje guiados por una nueva y brillante estrella. Más de dos mil años después, siguiendo esta tradición, muchas personas llenan las calles y comercios buscando un buen regalo que provoque bienestar y felicidad a esa persona que queremos.

Es frecuente la idea de que experimentar la amistad verdadera nos hace sentir bien. Pero no sólo eso, la ciencia tiene evidencias de que este tipo de relaciones nos hacen más capaces de lograr lo que vemos inalcanzable, nos ayudan a crear contextos de libertad y mejorar nuestra salud, física y mental. Esto es “la magia de la amistad”.

El artículo “Relaciones humanas de calidad como contexto de salud y libertad” señala como necesitamos interacciones humanas de calidad para protegernos de la violencia y del estrés tóxico. Tal y como se explicaba en un artículo anterior, según el Estudio sobre el Desarrollo Adulto de Harvard, las verdaderas amistades hacen que nuestro cerebro funcione mejor y por más tiempo. Con ellas se garantiza un desarrollo cognitivo y emocional, integral, saludable y positivo no sólo para uno mismo sino también para la humanidad. Las niñas y los niños que tienen un mejor amigo o amiga, tendrán menos riesgo de ser víctimas de “bullying” porque ese tipo de amistad les defiende ante cualquier ataque (Mayes y Cohen, 2003). Esto les ofrece la posibilidad de ser chicas y chicos apasionadas y libres.

Existen también algunas contribuciones científicas que narran cómo amistades transformadoras pueden ofrecer una mejor vida, no solo actualmente para nuestras hijas, nietas y amigas,… también para generaciones venideras, debido a las contribuciones sociales capaces de aportar.

Como maestras, madres, abuelas, tías y amigas, podemos cuidar a nuestra infancia para que a lo largo de su vida adquieran al menos, una o dos amistades profundas y transformadoras, como la mejor forma de contribuir a conseguir vidas de sentido, salud y felicidad; vidas en las que perdure ‘el brillo en los ojos’.

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