Admito que es un prototipo eso de hablar de las madres y las abuelas cocinando afanosas para toda la familia y haciéndolo con especial entrega durante las fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes. Lo admito, pero también advierto de que es prácticamente imposible borrar de la mente y de la retina las imágenes impresas desde los tiernos años de vida. Por lo demás, imágenes que no es desdeñable conservar, sea por amor, para sacar conclusiones, para guardarlas en el museo del tiempo pasado.

Recuerdo a mi madre aplicada a cocinar desde el día anterior al de la comilona para doce personas. Asando carne de ternera y de gallina mientras en una gran olla hervía el caldo más sabroso entre todos los posibles. Luego trituraba el asado no con una picadora eléctrica, por entonces no existente, al menos en su casa, sino con una de manual en la que iba echando las porciones en una especie de embudo dotado de un rodillo que ella accionaba manualmente. Dale que te pego y por el otro lado iba saliendo la carne picada a base de casi descoyuntarse el brazo. A la mañana siguiente hervía las placas, muchas, las extendía sobre un gran paño húmedo, las iba rellenado y enrollando. Nadie la ayudaba; de hecho, ella no lo deseaba. Cuando los canelones llegaban a la mesa, tan apetitosos, inigualables, desapareciendo en un santiamén en las bocas ávidas hasta los estómagos satisfechos, todo el mérito era suyo. Y no era un mérito menor. Cada uno de los comensales así lo reconocía, y eso la hacía muy feliz.

Sí, feliz. ¿Por qué no, si hacer bien la tarea que tenía encomendada era lo que alimentaba su autoestima? ¿Por qué no, cuando además se veía reconocida? Si ella no aspiraba a más no cabía suponer que sintiera coartada su libertad. Escribe el sociólogo francés Pierre Bourdieu, en su ensayo La dominación masculina, que en las relaciones de dominación estas aparecen como naturales ante la persona dominada. El malestar nace cuando por otros influjos se abren los ojos y surgen otros anhelos. Entonces, el horizonte se amplía, y constreñirlo va contra todo derecho y libertad personales. El machismo aparece al descubierto a la vez que la sociedad en conjunto se ve privada de aportaciones valiosas.

Cabe hacer canelones como cabe hacer otras actividades que apetezcan y para las que se tenga capacidades. Sabemos que se es tanto más libre cuanto más poder se tiene para decidir sobre una misma.

 

Secciones: Al reverso portada