La presencia femenina en los campos de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (Science, Technology, Engineering and Mathematics, STEM), siempre ha sido minoritaria. Solo es necesario mirar los premios Nobel a lo largo de la historia para comprobarlo: un 0.97 % de galardonadas de física y un 2.24% de química.

Pero la raíz del problema se encuentra mucho antes. Ya durante la escuela se detectan variaciones en las actitudes que muestran niños y niñas ante las ciencias. En este sentido son especialmente destacables las diferencias en el grado de autoeficacia de niños y niñas (Cadaret, Hartung, Subich & Weigold, 2017), con una influencia directa en sus intereses y objetivos, así como en su rendimiento y habilidades académicas. Las razones de estas diferencias son múltiples: desde una visión estereotipada de la ciencia a la falta de apoyo y las bajas expectativas por parte del profesorado. Y afectan. Afectan a la autopercepción de estas chicas, generando una corriente de incertidumbres que les hacen dudar de sus propias capacidades, aun cuando su rendimiento académico sea notable o sobresaliente (Robnett & Thoman, 2017). Y afectan también a las expectativas de cursar estudios universitarios STEM, al contar con menos apoyos de iguales y profesorado que sus compañeros varones.  Incluso así, podemos afirmar que la presencia femenina en los ámbitos STEM de las universidades se ha visto incrementada en los últimos años (Sassler, Glass, Levitte & Michelmore, 2017), pero este cambio no se ha visto reflejado en la inserción laboral de estas mujeres dentro del mismo ámbito, donde un 41% de las graduadas en carreras universitarias STEM obtienen un trabajo en su ámbito en los dos primeros años, frente al 53% de los hombres.

Para intentar justificar esta brecha, a menudo se recorre a las perspectivas familiares de las mujeres como una barrera a superar para conseguir llegar a las posiciones de éxito en el campo STEM. Si esto es simplemente así, ¿por qué las mujeres que no se plantean la opción de la conciliación familiar tampoco disponen de las mismas oportunidades que los hombres de acceder a puestos de trabajo relacionados con las ciencias? ¿Y por qué los hombres tienen más facilidades, independientemente de sus prioridades familiares?

Según las últimas investigaciones acerca de este tema, los motivos están directamente relacionados con las expectativas que tienen de las mujeres la gente de su entorno. En el contexto escolar, como ya hemos comentado, se vinculan claramente las expectativas del profesorado con las actitudes futuras que manifiestan estas chicas. En el contexto laboral, las mismas expectativas impiden las ofertas de trabajo, las nuevas contrataciones y las promociones laborales, llegando a crear redes exclusoras dentro de la dinámica empresarial, en las que las mujeres no tienen referentes ni apoyo y, por consiguiente, tampoco tienen las mismas opciones de triunfar.

Para poder invertir esta tendencia e incrementar la presencia femenina en los campos STEM, tanto a nivel académico como laboral, se hace imprescindible creer en las posibilidades de todas las niñas y chicas y alentarlas a vincularse a actividades científicas tanto en la escuela como en los demás contextos. Solo de esta forma se podrán ver reforzadas sus perspectivas de éxito y sus motivaciones para tomar una decisión de futuro basada en sus intereses reales.

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