Existen debates en la actualidad que versan sobre la posible relación entre el desarrollo de tareas domésticas y la frecuencia sexual en parejas heterosexuales que conviven, encontrándose diversidad de posicionamientos al respecto. En algunos casos, se liga el reparto más igualitario de las tareas domésticas a una mayor frecuencia sexual y en otras ocasiones se presenta la argumentación contraria. ¿Pero cuál es realmente la alternativa?

Para ahondar en esta cuestión se presenta por un lado el artículo de Kornrich, S., Brines, J., & Leupp, K. (2012). Egalitarian, Housework, and Sexual Frequency in Marriage. Para analizar la relación existente entre el desarrollo de tareas domésticas y la frecuencia sexual entre matrimonios heterosexuales, los autores utilizaron datos de Wave II of the National Survey of Families and Households (NSFH). Midieron hasta qué punto los hombres comparten las tareas del hogar a partir de dos tipos de trabajos, los que podrían ser catalogados como esenciales (limpiar platos, preparar la comida, limpiar la casa,…) y no esenciales (trabajos de mantenimiento del hogar, pagar facturas, conducir,…).

Se relacionan ambos tipos de tareas a roles de género, siendo las esenciales más relacionadas con el sexo femenino y las no esenciales al masculino. Los resultados del análisis del NSFH efectuado por los autores pone de manifiesto que los hombres que realizan más tareas esenciales registran menos frecuencia sexual. En cambio, si realizan tareas no esenciales la frecuencia sexual es más elevada.

Sin embargo esta investigación no tiene en cuenta otras aportaciones científicas que muestran la necesidad de diferenciar entre modelos de masculinidad. Dentro de los hombres que realizan las tareas domésticas podemos encontrar los hombres oprimidos, nombrados despectivamente como  “los pagafantas” o “los calzonazos”; pero también encontramos a los hombres que son “Nuevas Masculinidades Alternativas”, hombres igualitarios y atractivos.

En este sentido, la investigación de The New Alternative Masculinities and the Overcoming of Gender Violence muestra tres tipos de masculinidad diferentes: la Masculinidad Tradicional Dominante (MTD), la Masculinidad Tradicional Oprimida (MTO), y las Nuevas Masculinidades Alternativas (NAM). Los dos primeros tipos de masculinidad, son las dos caras de la misma moneda, el que oprime y el oprimido. De esta manera llevan a perpetuar la violencia de género mientras que el tercer tipo de masculinidad (NAM) rompe contra esta doble moral y contribuye a superar la violencia de género. Los autores y la autora de este artículo abordan la socialización mayoritaria que existe en la atracción hacia al modelo dominante de masculinidad, que es el que ejerce las actitudes agresivas. Pasa todo lo contrario con el modelo oprimido, y que en cambio está vacío de atractivo. Las Nuevas Masculinidades Alternativas representan un modelo de relación afectivo-sexual que es a la vez atractivo y libre de violencia. 

El artículo incluye además la perspectiva del lenguaje del deseo y el lenguaje de la ética a la hora de hablar de los modelos de masculinidad. Desde el lenguaje de la ética, el modelo de hombre igualitario está relacionado con el modelo de hombre que hace tareas domésticas; sin embargo, desde el lenguaje del deseo, la capacidad de atracción y generar deseo que se promueve mayoritariamente está vinculada hacia el modelo de masculinidad dominante. En cambio, los hombres NAM vinculan lenguaje del deseo y lenguaje de la ética, siendo al mismo tiempo igualitarios, atractivos y deseados. Este es el elemento clave para prevenir la violencia de género y tener unas relaciones afectivo-sexuales igualitarias y apasionantes, independientemente de los platos que se freguen.

 

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