III Encuentro contra la violencia de género (Catarroja - Valencia)

Con el título, “Trenquem el silenci, comptem amb tu?” (Rompamos el silencio, ¿contamos contigo?) se ha celebrado en Catarroja el III Encuentro contra la violencia de género protagonizado por la diversidad de miembros que forman la comunidad educativa. Elena Duque y Marcos Castro expusieron cuáles son las actuaciones contrastadas científicamente que podemos llevar a cabo en las escuelas y que más éxito están generando para la prevención, detección y erradicación de la violencia. Esta cita tuvo lugar el 25 de noviembre, fecha en que se conmemora el día internacional por la eliminación de la violencia contra la mujer.

Este espacio de diálogo puso de manifiesto la gran necesidad que las y los adolescentes tienen de hablar de estos temas. “Sólo el hablar de esto nos hace más críticos y por consiguiente, más libres”, comentaron los ponentes. Se señaló que el 24’7% de los jóvenes cree que la violencia de género es algo normal dentro de la pareja, una cifra estremecedora que nos tiene que hacer reaccionar.

En el encuentro se puso de manifiesto cómo la “ley del silencio” que impera en muchos centros educativos contribuye a la perpetuar la violencia en las escuelas. Tradicionalmente se ha calificado de ”chivato o chivata” a quien se atrevía a denunciar a los agresores. Hoy en día ya conocemos las consecuencias que esto tiene en la edad adulta: los datos de la macroencuesta sobre violencia de género de 2015 nos revelaban que el 73’2% de las mujeres que habían sufrido violencia no denunciaban a sus agresores.

Los chicos y chicas asistentes nos contaron cómo en sus escuelas se están convirtiendo en upstanders o testigos activos, así lo afirmaba un alumno: “Yo me posiciono. En nuestra clase hacemos escudo”. Se trata de alumnado que se posiciona y denuncia las injusticias porque, como explicaron los ponentes, si no eres parte de la solución, eres parte del problema. Así niños y niñas con valores muy positivos que tradicionalmente permanecían ocultos y poco visibilizados resurgen como verdaderos referentes en el aula, convirtiéndose en alumnado atractivo y seguro que se sabe posicionar ante situaciones de violencia. El acento se ha puesto en la necesidad de crear redes de solidaridad para que quien denuncia no se sienta solo o incluso atacado, convirtiéndose así en una víctima de acoso de segundo orden.

Esta fuerza y esta valentía no salen de la nada. Se trata de tejer redes de solidaridad y amistad profunda entre el alumnado, que les protegerán toda la vida de situaciones de violencia. “Todas las chicas y chicos tienen derecho a una educación que les permita desarrollar unas relaciones afectivo-sexuales satisfactorias y no les condene desde su infancia a relaciones problemáticas, antesala de una vida insatisfactoria” (Gómez, 2004). Pongamos las relaciones soñadas en el horizonte y caminemos hacia él.

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