Dominique Roe-Sepowitz es  una reconocida investigadora internacional sobre explotación sexual y tráfico de personas con finalidades sexuales.  En esta ocasión, le hemos querido preguntar más a fondo sobre el nuevo proyecto  Starfish New Place, un lugar seguro para acoger a mujeres que han podido escapar de la prostitución e iniciar una nueva vida.

“Aquí está el momento de tu vida donde puedes vivir en un lugar hermoso, puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras, estarás segura.” Dominique Roe-Sepowitz

¿Cómo se inició el proyecto Starfish New Place?

Un gran cambio en nuestra comunidad fue la Super Bowl en 2014. El mundo entero miraría a Phoenix y la trata con fines de explotación sexual que se deriva. Un año antes, en 2013, el alcalde de Phoenix dijo: “vamos a crear un Grupo de trabajo específico para abordar la trata durante la Super Bowl”. Así que reunió a un grupo diverso de personas, algunas de la cuales tenían peso en la toma de decisiones, también incluyeron policías, universidades, personas con recursos y dinero que estaban interesadas en el tema, grupos religiosos, programas que trabajaban con mujeres y niños víctimas del tráfico sexual… En esos grupos empezamos a hablar sobre la necesidad de atender a las personas víctimas de explotación sexual de una manera diferente. La principal necesidad que identificamos fue proveer un lugar seguro donde vivir con sus hijos e hijas. Pueden permanecer en un refugio de acogida por un tiempo, unas noches, pero eso es todo. No tienen manera de estabilizarse y sentirse seguras.

Dominique Roe-Sepowitz

Profesora de trabajo social de la Arizona State University, investigadora sobre explotación sexual y tráfico de personas con finalidades sexuales.

¿Qué destacarías del programa?

Se trata de un programa que incluye 15 viviendas, donde pueden estar todo el tiempo que necesiten. En ellas atendemos a las víctimas de trata y a sus hijos e hijas, con la finalidad de que puedan desarrollar autosuficiencia e independencia, con dignidad. A mujeres que han tenido experiencias horribles, crímenes donde no tenían voz en sus cuerpos, en sus decisiones, ahora les decimos: “aquí está el momento de tu vida donde puedes vivir en un lugar hermoso, puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras, estarás segura”.

¿En qué se diferencia este programa de otros recursos ya existentes?

En estos momentos, en Phoenix, hay diferentes recursos donde mujeres con hijos e hijas pueden acudir, pero no son permanentes. En todos ellos tienen que estar en el camino de una vida diferente, por ejemplo, habiendo dejado cualquier tipo de adicción, por lo tanto, tienen que estar bastante recuperadas, lo cual es muy difícil. La mayoría de las personas así con las que nos encontramos, si lo están haciendo realmente bien, no necesitan una vivienda.

¿Qué ocurre una vez finalizan su estancia en estos otros recursos?

Es muy difícil ganar suficiente dinero para pagar un apartamento, los servicios públicos, encontrar estabilidad… La mayoría de ellas no tienen habilidades para encontrar un empleo, no tienen ningún tipo de formación.

Lo que hace nuestro programa es completamente diferente. Ellas no tienen que pagar nada, las ayudamos a pagarlo todo, pero una vez empiezan a trabajar les pedimos que contribuyan con el 30% de sus ingresos. Tenemos un programa financiero donde les enseñamos a cómo gastar su dinero con criterio, les damos conocimientos financieros. También tenemos un programa de habilidades para la vida, donde se les enseña desde limpieza del hogar, a cocinar de manera saludable, etc., si es que lo necesitan. Tenemos grupos para hablar sobre la crianza de los hijos e hijas, en él aprenden a comunicarse mejor con sus hijos e hijas, sus amistades y su familia. Vienen diferentes personas a llevar los diferentes grupos de cocina, terapéuticos…

También buscamos que los recursos vengan a la casa, por ejemplo, una vez al mes viene el autocar del Hospital Infantil de Phoenix para visitar a todos los y las menores de 24 años. Servicios que para ellas siempre han sido muy prohibitivos, entre otras cosas porque están muy alejados. Estamos trabajando para que se acerquen a la casa otros recursos, por ejemplo, el jardín de infancia. Y a su vez, que cada uno de estos servicios, reciban formación sobre trata, estén informados sobre el trauma, pero no con la idea de “estas mujeres son diferentes, vaya con cuidado”, si no “son diferentes y queremos que entienda su realidad, trabajar conjuntamente para que pueda realizar bien su trabajo”.

Me consta que la Ciudad de Phoenix está muy entusiasmada con este proyecto, su compromiso es muy importante, podrían ser un referente para otras ciudades, incluso a nivel federal. ¿Crees que esto podría pasar?

Creo que Phoenix es un gran ejemplo de una ciudad que ha tomado la decisión de que la trata de personas es intolerable, de que no vamos a aceptar eso como una realidad. Y que nosotros, como seres humanos, no creemos que otros seres humanos deban venderse o comprarse para tener relaciones sexuales. Otras ciudades pueden también tomar esta postura, pero deben adoptar una filosofía similar. En Phoenix vivimos 5 millones de persona, tenemos muchos otros problemas, pero la ciudad decidió que este grupo de mujeres es lo suficientemente importante como para proporcionar estos recursos y construir esta gran colaboración con la universidad.

Entonces, ¿si creo que esto va a pasar en otras ciudades? ¡Absolutamente! Hay otros líderes universitarios que puedan ejecutarlo. No se necesita un doctorado para hacerlo, necesitas tener una mente abierta y un corazón abierto. La gente debe comprender que las supervivientes de trata son madres, son primas, hijas, vecinos, son personas que nos rodean. Si los tratamos sin respeto, estamos perjudicando a nuestra comunidad.

Al construir estos recursos, construimos a sus hijos e hijas que son nuestro futuro. Nos interesa ayudarlas a recuperarse y tener una vida, para que toda la comunidad pueda recuperarse.

Se trata de una perspectiva muy feminista…

Avergonzamos a las mujeres que están siendo compradas por hombres porque tal vez somos las esposas de esos hombres que están comprando esas mujeres.

La realidad es que cada una de nosotras podría haber sido una de ellas. Una o dos decisiones, una o dos cosas diferentes cuando nacimos… ¡Podríamos ser nosotras! Por lo tanto, tener empatía por las personas que creemos alejadas de nosotras requiere la solidaridad de las mujeres, requiere la inteligencia de las mujeres, nos incumbe a todos y todas, mirar dentro de nosotras mismas, nuestro papel y las opresiones que sufren otras mujeres. ¡Y creo que es algo que depende de nosotras, que está en nuestra mano cambiarlo!

 

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